La nueva estrategia de la ultraderecha que nace de una carambola

POOL EFE / GTRESLa socialista Adriana Lastra, a la izquierda, conversa con Iván Espinosa de los Monteros (Vox), durante una comisión del Congreso en una imagen de archivo. El salvavidas que Vox procuró al Gobierno

El salvavidas que Vox procuró al Gobierno hace justo una semana creó una maraña de intereses cruzados en medio de una campaña de las selecciones catalanas. La verdad es que la abstención que dejó a Pedro Sánchez convalidar el real decreto que arma la administración de los fondos europeos fue un “fallo” no calculado, según media docena de fuentes consultadas en los grupos comprometidos en la “carambola” que sorprendió en el Congreso.

Esa pasada de frenada se convirtió en un arma política que ha recrudecido la riña entre las tres derechas y ha terminado alumbrando una nueva estrategia de los de Santiago Abascal, que están tratando hacer de la necesidad virtud vendiendo su abstención como un servicio a España para permitir que los fondos “lleguen cuanto antes” pese a que ese decreto no determina la premura con la que arribará el dinero europeo a la caja, sino de qué manera lo repartirá Moncloa.

Para comprender el “error” basta con fijarse en las horas de votación telemática de los diputados —desde el 27 de enero a las 14.00 hasta el 28 a las 12.00— y en cuándo anunció cada conjunto el sentido de su voto. La ultraderecha, como el PSOE, emitió el de el el miércoles, un día antes de la votación final en el pleno y el mismo día que ERC informó, por la tarde, de su ‘no’ en medio de una escalada con el PSOE por la candidatura de Salvador Illa, considerada por los de Gabriel Rufián un misil a las relaciones que mantienen con los socialistas.

Vox no tenía perseverancia de que su voto iba a ser esencial y menos aún el miércolesUna fuente parlamentaria de EH Bildu.

Los republicanos, entre los asociados habituales del Gobierno, se cayeron, pero la ultraderecha no advirtió oportunidad alguna para dañar a Sánchez pues Cs todavía podía salvar el decreto. El problema es que los naranjas también salieron de la ecuación. Edmundo Bal anunció el ‘no’ el jueves en rueda de prensa y la tensión se disparó en el Conjunto Socialista. De modo que a Adriana Lastra le tocó arrastrar al ‘sí’ a partidos como Bildu, que dio su acompañamiento a última hora tras una negociación el mismo jueves por la mañana.

“Vox no tenía constancia de que su voto iba a ser determinante y menos aún el miércoles, cuando el Gobierno había movido que sí tenía los votos atados. Y, como ya habían votado antes, no podían mudar. Eso explica que no votaran contra un decreto al que Bildu dio su acompañamiento”, razonan en la izquierda abertzale.

“Estos de Vox cometieron un error, se despistaron y se abstuvieron porque pensaban que iba a salir y después lo debieron vender por algún lado”, piensan algunos en el PP. Esa necesidad de vender un “error” es la que está creando una exclusiva estrategia.

Con su servicio “de Estado”, como apuntó nuestro Sánchez, Abascal puede centrar a su partido y ofrecerlo como oposición confiable que arrima el hombro en puntos importantes para “la España que madruga” —hosteleros, especialmente—. No por casualidad, la popular Isabel Díaz Ayuso asimismo pelea en La capital de españa con Vox por el favor de los propietarios de bares y restaurantes.

Así, los ultras se sacuden el sambenito de partido circense que le colgó el PP y se entromete, además, en el espacio de Cs, pues esa fué hasta la actualidad la hoja de ruta de los naranjas. Además, la ultraderecha está siendo una de las considerables fugas de voto de los de Arrimadas de cara a las selecciones catalanas, según las investigaciones del CIS. Dos pájaros de un tiro.

Eso sí, la defensa que hizo la ultraderecha de su ‘nueva utilidad’ no fué apasionada, pues son siendo conscientes de que han sellado su destino al del Ejecutivo. Y eso le costó un largo hilo explicativo al popio Espinosa de los Monteros en Twitter.

Los de Casado, no obstante, ahora ven munición para hostigar a Vox. De ahí que, fuentes oficiales del partido en el Congreso no terminan de ver en la abstención un “error” y alertan de una confabulación entre Abascal y Sánchez que evidenciaría la llamada de Lastra a Espinosa en la que la socialista preguntó qué habían votado los 52 miembros del congreso de los diputados de Vox. 

En Génova suponen que la ultraderecha puede perder mucho si pelea con en este tema. Ese es el motivo por el que los populares insistieron el miércoles en el informe del consejo de Estado sobre el decreto de los fondos, que sospechan destructor por de qué forma se ha creado y que deja a cargo de Sánchez cuánto dinero va a quién. El PP cree que por eso Moncloa lo ha ocultado. La conclusión que sacan los de Casado es que Abascal se habrá caído si se demuestra que el informe es tan destructor una vez se haga público.

PP y Vox, lejos de un alto al fuego

El mensaje oficial del PP advierte de la guerra abierta con Abascal. En verdad, las relaciones entre ambos se recrudecen con más intensidad según pasan los días y se aproximan las urnas cen Cataluña. El líder de los populares bajó al barro este miércoles con el tema del decreto y afeó al Gobierno que lo salvaran, precisamente, Bildu y Vox: “Ha pintado su Frankenstein de verde”, resolvió.

En el Congreso, una fuente curtida en los entresijos de parlamentarios intenta ponerse en la cabeza de los de Abascal para haber cometido ese “fallo” no forzado. “Habrán pensado: ¿Qué razón poseemos para votar ‘no’ si el día de mañana nos comeremos reproches por no haber facilitado todas y cada una esas ayudas? Abstenerse para era gratis. No votaron con el Gobierno y si la gestión no es buena y hay errores tienen la posibilidad de decir que no votaron ‘no’ porque eran necesarios, pero tampoco que ‘sí’ pues intuían el desastre en la gestión. Al final han permitido que se tramite como proyecto de ley y ya jugarán mediáticamente con las enmiendas”.

¿Y el Gobierno qué saca de todo esto? No solo evitó la derrota parlamentaria sobre un tema clave, si no que puede lanzar mensajes contradictorios sin inconvenientes aparentes. Sánchez está empeñado en arrastrar al PP a la órbita de la ultraderecha pues le favorece: le deja libre el centro y une a sus asociados de legislatura. De ahí que, se lanzó en tromba a identificar al PP como el partido presto a permitir que caiga el decreto de marras que tantos intereses cruzados ha destapado.


Photo gallery
Instantes en los que Santiago Abascal se comporta más como una estrella que como un líder político


See Gallery







Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *