El Partido Republicano sigue secuestrado por Trump y QAnon

MIKE THEILER / REUTERSLa Policía discute con un conjunto de conspiranoicos de QAnon a lo largo del ataque al Capitolio. A medida que los republicanos se reagrupan tras perder la Casa Blanca, el Congreso y

A medida que los republicanos se reagrupan tras perder la Casa Blanca, el Congreso y el Senado en solamente dos años, la imagen descrita en el párrafo previo ilustra su problema fundamental: un gran porcentaje de los votantes del Partido Republicano prosigue más leal a Trump que al propio partido. Tanto es así que estuvieron prestos a asaltar el Capitolio para intimidar a los legisladores e inclusive amenazaron de muerte al vicepresidente, Mice Pence.

“Un acto de una secta traidora. Su coalición es con Donald Trump, no con los USA”, señala el exdiputado Joe Walsh, que se retiró de las primarias del Partido Republicano contra Donald Trump en 2020 pues “nadie puede ganarle”.

Los vídeos prueban que los primeros asaltantes que llegaron al segundo piso del Capitolio llevaban ropa y simbología de QAnon, una teoría de la conspiración que asegura que el expresidente Donald Trump es un semidiós católico que lucha contra un estado profundo comandado por demócratas pedófilos adoradores de Satán financiados por una asociación de judíos millonarios que toman un elixir mágico elaborado con sangre de niños asesinados.

Tan arraigado y extendido está este conjunto en el movimiento pro-Trump que el propio Partido Republicano ha buscado activamente incluirlos en su paraguas: “ somos la Tormenta”, declaró el partido en Texas, imitando el discurso de QAnon sobre el supuesto cataclismo simbólico que salvará al país de la amenaza de los demócratas.

“Muchos de nosotros teníamos conocidos cercanos cuya vida viraba en torno a la agenda de QAnon y aguardábamos que tras la toma de posesión de Biden se diesen cuenta de su fallo”, enseña Kendal Unruh, profesora cristiana y antigua activista conservadora que dirigió una campaña en 2016 contra Trump en las primarias del partido. “Como tiende a ser habitual con estas sectas que lavan el cerebro a sus creyentes, la fecha de la salvación, la identidad de sus contrincantes y sus proyectos maléficos cambian toda vez que la realidad les revela que estaban equivocados”.

No está claro cuánta relevancia han cobrado los seguidores de QAnon en las bases del Partido Republicano. QAnon, que nació en la red en otoño de 2017, les merece una opinión conveniente al 18% de los republicanos, según una encuesta reciente de Economist/YouGov, al paso que el 40% tienen una concepción negativa del grupo y un 42% no lo saben. Entre los demócratas, estos porcentajes fueron del 8%, 81% y 11%, respectivamente.

Aunque la presidenta del Comité Nacional Republicano (RNC), Ronna McDaniel, declaró en The Associated Press en una entrevista reciente que QAnon “se pasa de la raya” y es un grupo “peligroso”, nuestro Trump aceptó de buena gana su apoyo y se ha negado a denunciar a sus fieles: “Sé que les gusto mucho, y eso lo valoro”, dijo en agosto.

Los republicanos de siempre apuntan que los héroes del partido, como Ronald Reagan, el escritor William F. Buckley y el exdiputado Jack Kemp, han sido sustituidos por Trump, el líder anónimo “Q” y la novedosa diputada Marjorie Taylor Greene de cara a la campaña de 2022.

“Están tolerando la destrucción de todos los principios fundamentales del Partido Republicano”, lamenta Sally Bradshaw, asesora durante décadas de gobernantes y presidentes republicanos. “Todo esto me apena pues he pasado 30 años de mi vida trabajando según esos principios”.

El partido de los asaltantes que mataron a un policía 

Trump sigue encandilando a los votantes del Partido Republicano, pese a que ha perdido en solo dos años la Casa Blanca, el Congreso y el Senado y también procuró un golpe de Estado durante dos meses tras su derrota en el mes de noviembre. No tuvo reparos en usar el poder que le proporcionaba la presidencia para coaccionar a legisladores estatales y a jueces. Finalmente, incitó a una revolución con el objetivo de intimidar a su vicepresidente y a los demás mandatarios políticos que iban a permitir la certificación de la victoria electoral del presente presidente, Joe Biden.

Las fotografías y los vídeos de ese 6 de enero mostraron a todo el mundo la crueldad que se encontraba presto a asumir para sostenerse en el cargo como presidente no electo: un policía fue ejecutado en el Capitolio y otros dos se suicidaron más tarde. Otros cuatro provocadores murieron durante el asalto.

Los fanáticos de Trump que asaltaron el Capitolio tenían planeado matar a varios políticos, incluidos la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, y Mike Pence, el vicepresidente, por ser un “nenaza” que no se atrevió a ejecutar el golpe de Estado.

Los republicanos, que llevan años promoviendo el contramovimiento Blue Lives Matter (las vidas de los policías importan) y atacando a los demócratas con lemas como “trabajar, no alborotar”, de pronto vieron de qué forma una parte de sus bases mataba a un policía en una revuelta construída por su líder.

Trump, por supuesto, no condenó el ataque (“Os deseo”, les ha dicho a los asaltantes), pero los integrantes más relevantes de su partido tampoco se molestaron en criticar a Trump. Mitch McConnell, líder republicano del Senado, dijo públicamente que Trump merecía un impeachment, pero en el momento en que se votó en el Congreso, lo hizo en contra.

El líder de la minoría republicana del Congreso, Kevin McCarthy, dijo que Trump era el responsable del ataque al Capitolio, pero días después se retractó y repartió la compromiso entre todo el país. El pasado jueves, aun viajó a Florida para reunirse con Trump en su casa y emitieron un aviso sobre el compromiso del expresidente para recuperar el Congreso en 2022. Hasta la actualidad, los únicos movimientos de Trump habían sido para castigar a quienes habían votado en contra suya en el impeachment, como Liz Cheney, tercera autoridad republicana en el Congreso.

Hasta hoy, solo hay 15 republicanos que hayan votado contra Trump: 10 de 211 en el Congreso y 5 de 50 en el Senado. Esto no debería sorprender a nadie, puesto que Trump ha dicho abiertamente que no se retira de la política y que quiere recuperar la presidencia en 2024.

“Donald Trump no desaparecerá. No va a irse a Texas a pintar retratos”, afirma Ryan Williams, miembro de la campaña de Mitt Romney en 2012, citando al retiro de George W. Bush. “Y de esta manera será bien difícil que el Partido Republicano tome otro rumbo”.

Walsh conoce bien la devoción de las bases por Trump, pero señala que tampoco tiene claro que el Partido Republicano tenga ningún interés por separar su sendero del de Trump.

“En el momento en que me presenté a las primarias, aprecié el acompañamiento de las bases a Trump. En febrero dejé el Partido Republicano y me preguntaron por qué razón, y yo les respondí: ‘pues este partido se ha convertido en una secta y no quiero formar parte a una secta’”.

¿Hay vida alén de Trump? 

Comunmente, cuando un partido nacional pierde las selecciones de presidentes, hace autocrítica para ver qué fué mal. En el momento en que Romney perdió en 2012 contra Obama, los republicanos se juntaron y, como resultado, brotó el informe Growth and Opportunity Project, que urgía al partido a ampliar sus bases entre la red social negra, latina y las demás etnias minoritarias, puesto que los republicanos habían perdido el voto habitual en cinco de las últimas seis selecciones.

Trump logró justo lo contrario en 2016 con una campaña basada en lo bastante que padecen los blancos y aun de esta manera ganó las selecciones, lo que llevó a muchos líderes del partido a meditar que había encontrado una vía directa a la Casa Blanca, pese a perder el voto popular por prácticamente tres millones de papeletas. Cuatro años después, la brecha se agrandó a 7 millones de votos y perdió cinco estados y un distrito de Nebraska que en 2016 había ganado.

No obstante, los republicanos no han tomado ninguna medida para hallar y corregir los errores de la campaña de Trump, que perdió Georgia y Arizona por vez primera en una generación y perdió también el voto habitual por séptima vez en las últimas ocho selecciones.

Cuando el Comité Nacional Republicano se reunió en Florida tras el ataque al Capitolio, no hubo ni una nota de autocrítica. En lugar de eso, se limitaron a darles las gracias a Trump y a sus votantes. La semana pasada, McDaniel publicó un comunicado en el que catalogaba como “inconstitucional” el segundo impeachment a Trump.

Tim Miller, entre los asesores republicanos, ha comentado que, a efectos prácticos, el Partido Republicano no necesita hallar el voto de la mayoría de los estadounidenses, sobre todo en las selecciones de medio término.

“Con el 44% de los votos es suficiente para ganar el Senado, conque ¿para qué mudar? El propósito, entonces, es sostener un partido muy trumpista apoyado en el sufrimiento de los blancos: antiinmigración, anticomercio, antitecnología, anticiencia…”, enseña Miller.

Otro famoso asesor republicano, que ha accedido a ser entrevistado desde el anonimato, asegura que todavía es bastante pronto para comprender hacia dónde pasea el partido, sobre todo en este momento que Trump está a puntito de recibir otra ronda de atención con su juicio político en el Senado. Cuando termine el impeachment y otros candidatos muestren su candidatura para representar al partido en 2024, es posible que aun los candidatos más similares a Trump estén listos para pasar página.

“Quien diga que sabe adónde se dirige el Partido Republicano está mintiendo. Tendrá que pasar un tiempo para comenzar a intuirlo”, afirma este asesor.

Para los republicanos que querrían dejar a Trump en el pasado, su mejor aliado quizás sea el propio expresidente, que demostró que no tiene ni la capacidad de concentración ni la ética de trabajo primordiales para continuar siendo importante durante los próximos un par de años.

Tras recaudar incontables millones de dólares para su campaña legal Save America, Trump no se ha esforzado bastante en sostener la inercia. Aunque sigue habiendo correos y mensajes solicitando dinero (ahora, el fundamento es la defensa de Trump en el impeachment), todo lo recaudado va a parar al Comité Nacional Republicano, cuyos estatutos le prohíben favorecer a un candidato de cara a las selecciones de 2024.

Los millones que colectó Trump mientras que era presidente le han servido para pagarse sus gastos y su desprendido salario, pero todavía está por ver de qué manera aprovecha los demás millones para ayudar o perjudicar a otros candidatos republicanos. Por servirnos de un ejemplo, de los varios millones que colectó, no gastó ni un dólar en respaldar a sus aspirantes en la segunda vuelta en Georgia, a pesar de que esas selecciones eran uno de los motivos que esgrimía para pedir dinero primeramente.

A día de hoy, su nuevo comité no tiene una web pública, no parece estar colectando más dinero y apenas ha anunciado un puñado de comunicados de prensa.

Si Trump desaparece del ámbito en los próximos meses, los altos cargos del Partido Republicano y los candidatos de 2024 van a tener la oportunidad de recobrar el voto de las mujeres de los suburbios y de la población con estudios universitarios, que brindaron la espalda al partido en 2020.

“El país está cambiando drásticamente. Para gobernar, eso lo debes asumir”, advierte Bradshaw, coautor del informe Growth and Opportunity Project  de 2012. “Los republicanos tienen la oportunidad de tomar otro rumbo y quisiera que la aprovechen”.

 

Este artículo fue publicado inicialmente en el ‘HuffPost’ USA y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.




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