Cataluña prueba la fuerza del ‘procès’ en medio de una pandemia

Xavi Torrent vía Getty ImagesUn hombre anda junto a un grafiti del artista italiano TVboy en Barcelona, el 7 de febrero. Las selecciones de este domingo son un test para la política de españa. Ocurra lo que

Las selecciones de este domingo son un test para la política de españa. Ocurra lo que ocurra, los desenlaces condicionarán todo el país. Lo que voten los catalanes marcará el juego de alianzas del Gobierno y determinará el devenir no solo de la coalición, sino más bien asimismo de PP y de Vox. Casado se juega el ‘sorpasso’.

Las urnas de los más de 2.500 institutos electorales que abrirán a las 9.00 asimismo pondrán a prueba la fuerza del procès tras prácticamente una década de desafío secesionista. La causa se somete a examen y su resultado va a marcar el futuro del independentismo: o unilateralidad o pacto. 

Las elecciones llegan, además de esto, en mitad de una pandemia que cambió todo y dejado millones de fallecidos. Absolutamente nadie puede calibrar el efecto que tendrá el coronavirus en las papeletas. Tampoco el efecto del resquicio de promesa que abre la inminente vacunación masiva y que permitirá soñar de otra manera la pesadilla de la covid-19.

Las maquinarias electorales de los partidos han tratando hasta el último momento adivinar si los catalanes se dejarán llevar de nuevo en el momento de votar por el romanticismo de la independencia o por la crítica sesuda a la administración de una epidemia que solo en Cataluña ha segado la vida de prácticamente 10.000 personas. 

El resultado es una incógnita, pero las últimas investigaciones dan ciertas claves. ERC, rehén de un acuerdo de última hora entre partidos independentistas para no pactar con el PSC de Salvador Illa, semeja que tendrá la llave del nuevo Govern.

ERC tiene la llave del futuro Gobierno

Los republicanos llegan muy igualados con los socialistas, agraciados con el efecto de la candidatura de Illa, y con sus enormes oponentes de Junts, autores intelectuales del cordón sanitario al exministro de Sanidad. Toda una jugarreta a Pere Aragonès y a la esperanza del Gobierno de Pedro Sánchez de alinear Moncloa y Palau de la Generalitat para encarrilar la legislatura. Si el bloque independentista suma es muy posible que una victoria del PSC sea estéril, como le ocurrió antes de Cristo hace tres años. 

Poco le valdrá a Illa el triunfo si no puede apoyarlo, de alguna manera, en ERC, parte esencial de la mayor parte de la coalición en La capital de españa, pero asimismo enorme contrincante este 14F porque ambos quieren pescar exactamente el mismo voto ideológico.

Los de Oriol Junqueras, no obstante, han jurado y perjurado que no van a hacer president al socialista, en oposición a lo que insinúa Laura Borràs, centrada en capturar el voto independentista más acérrimo y en dañar a ERC para hacerse con la hegemonía secesionista. En estas elecciones hay otras dos enormes riñas alén de la pugna que sostienen socialistas y republicanos: entre asociados de Govern y entre PP y Vox.

Los partidos independentistas se han esforzado en dejar constancia de que su pelea por dirigir el bloque independentista en escaños y votos es malévola. Alén de la jugada del “todos contra Illa” plasmada en papel, la estrategia de Borràs al frente de Junts se ha apoyado en cultivar inquietudes sobre el compromiso de su socio en la causa por la república.

Y los de la derecha, con PP y Cs a la cabeza, en lanzar la sospecha, sin dar prueba alguna, de que el candidato socialista se habría vacunado ahora saltándose el protocolo que mismo ayudó a establecer. Para el histrionismo de los debates televisivos queda la exigencia de Carlos Carrizosa y Alejandro Fernández de reclamar la mascarilla a Illa por haber rechazado hacerse la prueba de detección del coronavirus.

El otro gran test de estas selecciones lo tiene Pablo Casado. El líder del PP tiene un problema, porque la explosión mediática del regreso estelar al banquillo de Luis Bárcenas esta semana hizo añicos las expectativas de Alejandro Fernández de plegar sus escaños y evitar el ‘soparsso’ de la extrema derecha.

Bajar de los cuatro escaños que tiene ahora el PP en el Parlament sería un revés que dejaría muy tocado el liderazgo de Casado y que haría que una parte esencial de su partido mirara a barones con mayoría absoluta, como Alberto Núñez Feijóo, para hacerse con las riendas.

Si eso pasa y Vox supera al PP, Santiago Abascal no va a poder evitar esbozar una sonrisa vengativa tras fundamentar su campaña en el cuerpo a cuerpo, entre lluvias de insultos y elementos, con el independentismo más radical. 

La campaña electoral más rara que se recuerda, infestada de ‘telematismos’, apenas ha pivotado sobre cuestiones esenciales. Prácticamente nada se dijo de la fiscalidad, asunto clave de los próximos años por la borrachera de deuda pública que la pandemia está provocando en las cuentas de las administraciones públicas, ocupadas en socorrer autónomos y empresas de la quiebra merced a la barra libre del Banco Central Europeo. 

Y poco o nada se ha dicho los desafíos que afrontará una sociedad exhausta tras la covid-19 como, por ejemplo, el modelo de cuidados de los mayores en los comienzos de la jubilación del baby boom, la generación más grande de la historia reciente. 

Vote lo que vote Cataluña, la resaca nacional del lunes está asegurada.


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La habitación de los abrazos en oposición al coronavirus


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