No es posible regresar al oasis catalán

Miquel Benitez via Getty ImagesPere Aragonès, candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat de Cataluña. La Transición de españa fue un viaje complejo que consistió, en líneas en general, en construir un sistema

La Transición de españa fue un viaje complejo que consistió, en líneas en general, en construir un sistema democrático de mínimos. Para escapar del paso. Este proceso histórico fue un éxito solo a corto plazo, por el hecho de que la capacidad de la UCD de Adolfo Suárez sirvió para neutralizar al búnker franquista haciéndole opinar que aquella joven democracia podía ser dominada de manera fácil por los poderes fácticos. Algo de aquella iniciativa aún vive en determinada derecha española.

El tema territorial, en especial el catalán, fue un enfrentamiento aplazado. Durante años se alabó, desde los partidos de ámbito estatal, que la nacionalista Convergència i Unió marcara distancias con un independentismo marginal y con poco peso. Además de esto, el pujolismo jugaba a transaccionar con las élites políticas del Estado, ganándose una fama de estadista y bautizando con su actitud —y su predominio político— al oasis catalán. Un concepto que describía un pacto no escrito en labras de la seguridad en Cataluña y en España.

Los años del procés han reconfigurado el sistema político catalán. Se acabó el voto dual entre CiU y PSC. Las dos formaciones vieron como sus apoyos descendían a favor de otras fuerzas políticas. Las sucesivas refundaciones convergentes y el progresivo desarrollo de Esquerra Republicana —a costa de socialistas y nacionalistas— dieron rincón a un sistema político de tres espacios y medio. Tres espacios (ERC, PSC y Junts) que tienen la posibilidad de cosechar cerca de un 20% de los votos y disputar victorias electorales en toda clase de comicios.

Los resultados de este 14-F niegan la propuesta que encabezó la campaña de Salvador Illa

Los desenlaces de este 14-F niegan la premisa que encabezó la campaña del ministro-candidato Salvador Illa. Decía el exalcalde de La Roca del Vallès que era el instante de pasar página. En cierta forma, venía a ofrecerse como alternativa política al actual Govern independentista, pero olvidándose de los caprichos de la aritmética parlamentaria.

En cambio, lo que ha pasado es que alrededor de un 50% de los votantes siguen apostando de forma decidida por fuerzas independentistas que llevan en sus programas la autodeterminación y la amnistía. Las urnas, por consiguiente, han rebajado las expectativas de la “operación Illa”, una maniobra del Estado para buscar la reinstauración del añorado oasis catalán.

Las urnas han afirmado la Cataluña holandesa, belga, noruega, sueca o finesa, con un Parlament altamente fragmentado que hace complejo articular mayorías políticas sin el certamen de un mínimo de 2 o tres fuerzas políticas.

Este hecho no es novedoso en Cataluña, pero lo que sí resulta relevante es que los partidos independentistas no han defendido de manera explícita —tras años de convivencia en el Govern— la reedición del Ejecutivo soberanista. La normalidad europea asimismo incluye su parte más sombría, al confirmarse la presencia de la derecha populista de Vox en la Cámara catalana.

Cabe destacar que el enorme éxito de la jornada electoral ha sido la inigualable organización de los comicios. El Gobierno catalán y los Ayuntamientos fueron capaces de hacer posible una logística incuestionable. No ha habido ningún hecho y este gadget ha recibido el elogio del hasta este día jefe de la oposición —y candidato de Ciudadanos—, Carlos Carrizosa.

Los resultados sugieren tres posibilidades: un pacto independentista, un improbable pacto de izquierdas y una reiteración electoral

 ¿Quién regirá en Cataluña? Los resultados plantean tres opciones: un pacto independentista, un improbable pacto de izquierdas y una repetición electoral. Es instante de los estrategas de partido y de las ofertas negociadoras de ida y vuelta. El papel de En Comú Podem o de la CUP puede ser clave para eludir la repetición de los comicios, si facilitan la gobernabilidad de la Generalitat con sus votos.

¿Cuáles fueron los personajes principales de la elección? Sin duda, Junts per Catalunya obtuvo un resultado decepcionante que lo distancia de la pugna por ocupar la presidencia del Govern. Por su parte, Esquerra Republicana demostró su resiliencia anotando un resultado muy afín al de hace cuatro años —con especial mención a la distribución territorial, muy estable, del voto a los republicanos—. El PSC ha recogido el resultado de Ciutadans, repitiendo la estéril victoria de Inés Arrimadas en 2017. Los catalanes, por consiguiente, han sustituido a los líderes de cada bloque: ERC adelanta a Junts, al tiempo que el PSC hace lo propio con Cs.

Los buenos resultados de los partidos independentistas no fueron un fenómeno pasajero

Sin duda, los excelente resultados de las fuerzas independentistas en Cataluña no fueron un fenómeno pasajero, ni una reacción conservadora. Tampoco una mentira de Artur Mas ni una ensoñación de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont. En un contexto de pandemia y de cambio de prioridades, el eje nacional prosigue condicionando la política catalana. La resistencia del electorado soberanista semeja haber superado los cálculos y la apuesta de los spin doctors de Moncloa. El oasis catalán ni está, ni se le espera.


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