A Joan Margarit | El HuffPost

Casa RealEl ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, y los reyes entregan el Premio Cervantes 2019 al poeta Joan Margarit en Barcelona. Enamorarse o escribir versos: ¿qué es mucho más poético? Enamorarse,

Enamorarse o escribir versos: ¿qué es mucho más poético? Enamorarse, indudablemente. Pero frente al desamor, frente al mal, la única salida es redactar. Con mayor razón si se ha perdido a un individuo cercano, insustituible, irreparable. Margarit empezó a escribir para subsistir, como tabla de salvación. La poesía, afirmaba, es el único camino frente a la desesperación humana, o por lo menos en frente de la mía. O soy con la capacidad de redactar, o no hallaré consuelo y entonces renunciaré a la poesía para siempre. Margarit, que nos dejó ayer, pensaba de esta manera, y escribió para vivir. Y lo consiguió. Dio un sentido pragmático a la belleza.

Descubrió más tarde que, aparte de para resistir, la poesía servía para construir. Apareció aquí la mirada del arquitecto, del profesor universitario, catedrático en la Universidad Politécnica de Cataluña. No se debe escapar, ni condenar, sino asistir, empatizar y entender. Es también la mirada del ciudadano laico que creía en el valor de la palabra, del diálogo, del acuerdo. Distanciado del potius mori quam foedari (del “mejor ceder que pactar”), o del fiat iustitia et pereat mundus (“hágase justicia caiga quien caiga”), cultivó la amistad cívica, el entendimiento, la concordia, el juego limpio y el respeto, precondiciones de toda democracia genuina.

Le vi por última vez en Barcelona, el 21 de diciembre pasado. Acompañé a los reyes Felipe y Letizia en lo que fue un acercamiento entrañable que no voy a olvidar nunca. Le llevamos el Cervantes y allí se encontraba , feliz, poderoso, indestructible, con su compañera de vida, sus hijos y sus nietos. Nos recitó fantásticamente, en catalán y en castellano, el último poema que había escrito.

A mí me regaló su autobiografía, Para tener casa hay que ganar la guerra, un texto duro que he leído en estas semanas y que me ha ayudado a comprenderle, a conocerle mejor. Y me lo dedicó: “Para José Manuel, mi ministro de Cultura, con agradecimiento por su deferencia de “traerme” el Cervantes a Barcelona. Con un abrazo de su Joan Margarit”.

Se nos ha ido nuestro enorme poeta en catalán y en español, nuestro poeta universal y a la vez cercano, íntimo, de una enorme dignidad. Nos deja su obra y su ejemplo; un ejemplo de humanidad, congruencia y autenticidad. Adiós, Joan. Descansa en paz.




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