El judío es el culpable, y asimismo

EFE/Víctor LerenaUn conjunto de nazis asiste a una manifestación en homenaje a los caídos de la División Azul, en Ciudad Lineal, La capital de españa. Comprender el odio es un imposible. ¿Qué transporta a un

Comprender el odio es un imposible. ¿Qué transporta a un individuo a señalar como el enemigo a un colectivo de humanos? La banalización del odio y la sinrazón son últimamente mucho más una norma que una salvedad, desde afirmaciones en medios relativizando el antisemitismo hasta risas cómplices cuando se habla de personas trans. Es preocupante el nivel de deshumanización al que se llega cuando se desconoce o se desprecia la historia.

Hace pocos días en un homenaje a la División Azul en La capital española, una chica señaló verdaderamente a los judíos como el enemigo y como el culpable de todos los males de la raza humana. En plena recta final del primer cuarto del siglo XXI y a menos de 100 años del Holocausto, debemos volver a escuchar que los judíos son peligrosos y sospechosos. La Shoá supuso el exterminio de unos 12 miles de individuos, de los que la mitad eran judíos.

La persecución al pueblo judío no empezó en la Alemania nazi, ya en la España de los Reyes Católicos o en otras unas partes del mundo con afines razonamientos, los judíos han soportado sistemáticamente el odio en carne propia y la persecución como forma de vida.

El homicidio masivo de judíos hace prácticamente 100 años no comenzó en las cámaras de gas o en los campos de concentración, comenzó mucho antes con la deshumanización, con el señalamiento directo, con la burla, con las representaciones en dibujo con narices grandes y orejas de burro. El intento de exterminio del pueblo judío a manos de los nazis empezó con expresiones y actos como los que hemos visto el pasado sábado 13 de febrero en el cementerio de la Almudena.

Ese ignominioso acto es solo uno más de los que tenemos que soportar en los últimos tiempos. Las navidades pasadas el cementerio judío más esencial de España, situado en Hoyo de Manzanares, también fue profanado con pintadas antisemitas como “judío bueno, judío fallecido”.

No es casual, ni anecdótico, ni aleatorio el señalamiento como chivo expiatorio a los judíos: es una estrategia realmente bien pensada por la parte de la ultraderecha política y social y asimismo por la parte de ámbitos de alguna izquierda. Banalizar el antisemitismo tiene consecuencias y el pueblo judío podría narrar exactamente en qué consisten esas consecuencias. No permitamos con nuestro silencio que se repita la ignominia de la persecución, el señalamiento y el odio.

La creciente ola de antisemitismo es palpable en toda Europa. Basta con ver la oratoria que emplea Marine Le Pen en Francia o las pintadas al homenaje a los judíos en Budapest para entender lo que pasa y, más que nada, para reaccionar y no quedar indiferente frente esto.

La red social judía en España precisa apoyo y más compromiso por parte de los dirigentes políticos y también se hace necesario que los gobernantes españoles tengan un alegato bastante más nítido en el momento en que condenan el antisemitismo. Las pintadas del cementerio judío no son una anécdota, la manifestación del pasado 13 de febrero tampoco lo es.

No banalicemos el discurso antisemita, no es una chiquillada de una adolescente, ni cosa de cuatro neonazis. Es algo mucho más complejo y más profundo. Estemos alerta para que la historia no se repita.

Se hace preciso rememorar que el pueblo judío sufrió durante su crónica persecución, tortura y muerte, a la visión de los últimos acontecimientos y a la vista de la pobre respuesta de la clase política española. La Shoá no ha sido aún cicatrizada y, pese a eso, se siguen devolviendo en plazas españolas frases antisemitas. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que vuelva la persecución? No estoy presto a banalizar tanto odio. Si “el judío es el culpable” que me sumen a mí también a esa lista de responsables.




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