Parejas perimetradas: en el momento en que el amor no formalizado es ilegal

Violeta StoimenovaAmor en tiempos de covid. “Por ti me brincaría el cierre perimetral”, algo de este modo le afirmaría el vecino de Murcia que fue bajado del autobús y multado por la policía local de

“Por ti me brincaría el cierre perimetral”, algo de este modo le afirmaría el vecino de Murcia que fue bajado del autobús y multado por la policía local de Alicante a principios de febrero por proceder a conocer a su pareja. Ese hombre, del que se han mofado a través de los medios y reenviado hasta la saciedad en los grupos de WhatsApp, es un rebelde contemporáneo, el héroe de Altea, con la capacidad de poner en evidencia con un billete de transporte público las restricciones de un decreto de alarma de brocha gorda, extraño a los vínculos cariñosos que no pasan solo por un papel. No es un caso aislado.

Julián, nombre supuesto, forma parte de las una cantidad enorme de parejas que se han liado la manta a la cabeza y se arriesgan a transgredir cierres perimetrales. Entre semana se levanta a las 6:30 horas para repartir paquetes en San Fernando, Cádiz. Llega a casa después de las 16 horas, con las energías justas para pasear a su perro, una mezcla de mastín y labrador negro que rescató de un refugio.

Al llegar el viernes, lo sube al coche y recorre los mucho más de 100 km que le apartan hasta el pueblo de su chavala, en Sevilla. “La primera oportunidad iba muerto de miedo. Había preparado un papel a través de Photoshop por si acaso me paraban, pero sabes que estás a lo que desee la policía, que, de entrada, lo que quiere es que te ajustes a los presuntos del decreto de alarma”. Mientras alargan los cierres en Andalucía, decidieron arriesgarse a la sanción y pagar a medias los 600 euros de una multa que supondría un auténtico palo para su economía.

A todas y cada una estas uniones estables, que carecen del derecho a verse durante los instantes más duros de una pandemia, poca broma les puede parecer aquel tuit de la policía local de Bilbao: “Buenas tardes, entendemos su situación. Esta clase de prácticas no están reflejadas en las excepciones para cambiar de municipio. Tómeselo como una prueba de amor para su viable relación”.

Las parejas afianzadas pero residentes en áreas perimetrales diferentes están en franca desventaja respecto a los contactos mediante Tinder y otras apps. En el mismo municipio, no hay una medida que limite estos contactos.

Elena radica en Reino Unido desde hace 2 décadas y se expone sorprendida de que aquí no se tenga presente a las parejas no formalizadas. “La ley en Inglaterra me permite formar una burbuja de apoyo con mi novio, mientras que cada uno de ellos viva solo y podemos ir al hogar del otro sin inconvenientes”, cuenta.

En la Comunidad Valenciana, Madrid, Galicia, Murcia y La Rioja se permite, desde finales de enero, acudir al residencia de tu pareja, con o sin vínculo marital, siempre y cuando estén solos y no se incumpla un cierre perimetral.  Pero eso no se aplica a nivel nacional y mucho menos en el momento en que tu media naranja reside en otra comunidad autónoma, lo que puede ocasionar meses sin ocasiones por culpa de un criterio arbitrario. Es posible que puedas salir de una, pero no ingresar en la otra o del revés.

Cuando las leyes son injustas existe el imperativo de no cumplirlas o algo de esta forma defendía Henry David Thoreau, un tipo que prefirió ir a la prisión por no abonar un impuesto en protesta por la esclavitud americana. Conque, si hipotéticamente hablando, inspirado por Julián decidiera completar el depósito de mi viejo Ford y romper el cerco perimetral para visitar a mi pareja en otra comunidad la rebeldía estaría justificada. “Ve listo a la guerra”, me afirma, “una cita médica, un justificante, lo que sea”.

En el coche, los carteles de la DGT me recordarán cada 20 kilómetros “controles en carretera” y “solo viajes esenciales”. En todo momento con un nudo en el estómago, temeroso de que te paren a 300 km de tu punto de origen. Pensando en qué mencionarle al control, vacilaría entre mi impulso natural de defender lo que creo justo en frente de una Guardia Civil que no están para disquisiciones morales o adaptarme a la picaresca española que no es sino el recurso de los pobres.

Desde luego, cuando Julián llega a su destino cada viernes, le ocupa una sensación casi épica, como de formar parte de la resistencia o algo de esta forma. Y sucede que el cariño pandémico sabe mejor, siempre y cuando, como al héroe de Murcia, la policía no te baje del autobús. 




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