Desafío a leñazos | El HuffPost

Sergio R Moreno / GTresEl presidente del PP, Pablo Casado, participa en el Congreso. Una de las proyectos negras de Francisco de Goya, Desafío a leñazos, muestra la riña a estacazos de dos hombres enterrados

Una de las proyectos negras de Francisco de Goya, Desafío a leñazos, muestra la riña a estacazos de dos hombres enterrados hasta las rodillas, un enfrentamiento propio de las clases populares que se desarrollaba con garrotes y que carecía de reglas y protocolos. Me recordaba esta obra del pintor aragonés el debate protagonizado la semana pasada a trancazo limpio, cuerpo a cuerpo, entre los representantes de PP y Vox en la comisión mezclada Congreso-Senado de control parlamentario de la Corporación RTVE. No hubo tregua entre sus señorías de la derecha y la extrema derecha. Fue un arreglo de cuentas en toda regla que pudimos continuar desde los escaños de la Cámara alta con cierto desconcierto por la virulencia de los dardos y las invectivas.

La explicación para tan furibundo enfrentamiento fue el acuerdo para la renovación del consejo de administración de la cadena pública entre PSOE, PP, Unidas Podemos y PNV. El trasfondo, no obstante, no es otro que la lucha por la hegemonía en el fantasma ideológico de la derecha tras el sorpasso de Vox en las elecciones catalanas. Las huestes de Santiago Abascal han visto la posibilidad de tomar la delantera al PP tras su batacazo morrocotudo el pasado 14 de febrero.

Desde la frustrada moción de censura del último otoño, la tensión entre ambas formaciones ha ido ganando en intensidad. En este momento, utilizando el desconcierto en su contrincante, Vox se está lanzando como un tiburón por su presa. La debilidad del liderazgo de Pablo Casado y las situaciones de corrupción atentos de sentencia judicial abren una vía para el desgaste de un PP que no encuentra el tono para realizar oposición y situarse como referencia útil para el voto conservador.

Desde la caída de Mariano Rajoy, la estrategia que se marcó desde la sede de la madrileña calle Génova —en este momento a la venta como símbolo de los temas turbios que acogotan a este partido— se ha caracterizado por los continuos bandazos. Ora deseaban competir con Vox en exactamente el mismo ring y con los mismos trasnochados razonamientos, ora se presentaban como paladines de la moderación y el centrismo.

Una puesta en escena forzada y que se transmuta, de un día para otro, a golpe de las investigaciones o de los antojos infantiles de una dirección excedida por los hechos y con poco fondo político. Tanto vaivén está despistando hasta a su electorado y dando alas a los ultras.

Una de las razones para el fortalecimiento electoral de la extrema derecha radica en la falta de determinación del PP para recortar de raíz con Vox. La bestia sigue creciendo pues el partido que mal capitanea Casado ha antepuesto la aritmética para gobernar instituciones a la indispensable profilaxis democrática. Así, retienen el poder en comunidades y ayuntamientos, pero aguantando el chantaje permanente de los correligionarios de Abascal.

Esa dependencia socava su proyecto y envalentona a los ultras. No caben paños calientes ni titubeos. Tienen el ejemplo a continuar en la claridad discursiva y de acción de Angela Merkel frente a la extrema derecha. La canciller alemana ha llamado en reiteradas ocasiones a “ponerse en contra al alegato extremista” pues, de lo contrario, “nuestra sociedad no volverá a ser la sociedad libre que es”.

España precisa una derecha democrática, templada, en sintonía con su análoga europea y que rompa con la extrema derecha. También con visión de Estado y con aptitud de comprender comprender que en instantes de particular dificultad, como los que vivimos ahora con la crisis del coronavirus, es mucho más necesaria que nunca la unidad de acción para sobrepasar los retos que disponemos por delante.

Ese es el movimiento que el PP tiene pendiente sobre su tablero político. Menos enroques y más arrojo. Cuánto después en tomar la decisión, peor le va a ir en términos electorales. De momento, nos encontramos asistiendo a un duelo a mamporros dialécticos de cara a la galería. No entendemos aún si se trata de una escaramuza de laboratorio de mercadotecnia u obedece a una decisión estratégica para aislar a la extrema derecha. El tiempo afirmará. Eso sí, que no olviden en el PP el refrán sobre la crianza de cuervos.




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