Estas mujeres han hecho mucho más por el feminismo que las que ves siempre en televisión

Getty ImagesUna mujer de espaldas en el 8-M El primer año que se convocó la huelga feminista, en 2018, una parte de España supo que la cosa iba seriamente en el momento en que Ana

El primer año que se convocó la huelga feminista, en 2018, una parte de España supo que la cosa iba seriamente en el momento en que Ana Rosa Quintana anuló su programa matinal para sumarse al paro del resto de mujeres. Un año después, en 2019, Paz Padilla se transformó en Trending Topic tras ofrecer un emotivo alegato en Sálvame y abandonar el programa de Telecinco para sumarse a la manifestación. Dos hechos puntuales que ayudaron a poner en valor las reivindicaciones del feminismo pero que no ‘son’ el feminismo. 

Como reivindican desde el 8M, ser feminista no radica en solo salir un día por año a la calle. Ni en hacer más estruendos que el resto, sino en editar la sociedad día a día. Con actos cotidianos. Muchas mujeres lo hacen desde sus puestos de trabajo frecuentemente invisibles y precarios.  También desde la vivienda. Profesoras que enseñan en Igualdad, psicólogas que asisten a mujeres víctimas de violencia, agentes de policía que acompañan a estas mujeres a denunciar, voluntarias en pisos tutelados, mamás que cargan con el trabajo invisible de los cuidados… 

Mercedes Cano es una de estas personas que, desde la sombra, hace cada día feminismo. Disfruta de su trabajo y charla de como si fuera la fortuna de su historia. Se dedica a conformar a compañías en Igualdad y a acompañar a mujeres que llenan puestos de liderazgo y se ven frustradas por estar ambientes normalmente masculinizados. Muchas se creen menos capaces, “dudan de sí mismas” y a ciertas les cuesta entender que hay otras formas de liderar diferente a las de los hombres. “En ocasiones desean estudiar a liderar de una forma diferente de sus compis machirulos, aunque esto es imposible sin un cambio en la civilización empresarial”, asevera Mercedes, que para ello las ayuda “a ser mismas y a que se protejan”. “Hay quienes decidieron irse de la empresa y quien ha decidido proseguir sin suicidarse, con un largo sendero por delante, haciendo cambios en su equipo y su manera de liderar”, festeja.

Mercedes es consciente de la importancia de su trabajo. No sólo por empoderar a mujeres, sino más bien por el hecho de que muchas veces también forma a quienes se encargan de implantar planes de igualdad en la misma empresa. De la formación de Mercedes depende que “estos planes no queden en papel mojado”. Trabaja con equipos directivos, comités de dirección y mandos intermedios de las empresas para que no se produzcan desigualdades. “Son personas que tienen equipos a su cargo y trato de hacerles tomar conciencia de lo importante que es tener en cuenta los cortes inconscientes que hay en varios sitios y nos hacen funcionar sin igualdad”, enseña la especialista a El HuffPost.

No trabaja desde su situación de experta, sino que trata de llevarlo a cabo desde la pedagogía para que lo entiendan, lo aprendan y “cambien la forma de pensar”. Pero asegura que no es simple: “Cuesta mucho cambiar ciertos hábitos y a las mujeres nos cuesta aceptar que hemos sido tontas perdidas en alguna ocasión”. 

Este miércoles termina de finalizar uno de sus talleres y se aprecia la emoción en su voz: “Al final varios y muchas se han acercado a decirme que creían que esto de la igualdad era cosa de mujeres y por estas cosas hago mi trabajo cada vez con más entusiasmo”. 

Este tipo de agradecimientos también los recibe Pamela Palenciano, pero de otro público: los adolescentes frente a los que representa su monólogo, No solo duelen los golpes. Contando su crónica personal de maltrato, trata de que estos patrones no se repitan entre los mucho más jóvenes con el peor de los finales. Ella salió con un chico que la violó y la intentó matar. Y, a través del humor ácido, trata de contarlo a los jóvenes que la escuchan en numerosos institutos. Han sido múltiples chicas a lo largo de los últimos 18 años las que se han acercado a ofrecerle las gracias por haberles “salvado la vida”. 

“Me dijeron que he hecho negocio con el feminismo, pero jamás lo enfoqué de esta forma y mi monólogo sale de la necesidad urgente de contar una historia”, enseña. A pesar de ello, Pamela fué entre las señaladas por el partido ultraderechista Vox para implantar su popular pin parental. 

Transporta desde 2003 haciendo el show y festeja el “cambio” social que hubo en relación a la crueldad de género. “Antes se hablaba de crueldad doméstica”, apunta. Pero lamenta que a lo largo de los últimos cuatro años se dan pasos hacia atrás. “Los chavales no son tontos y hay sobreinformación y se las dan de que se lo saben. Y eso, sumado a la reacción de la ultraderecha, provoca que me llamen menos para las salas”.

Con el coronavirus la situación ha empeorado, pero Pamela solicita que le prosigan dejando trabajar con jovenes: “Si el monólogo salva vidas, ¿por qué en algunos sitios no me dejan trabajar?”. Compatibiliza el ir a institutos y institutos con una representación de su monólogo en el Teatro del Vecindario de Lavapiés (La capital de españa). “El público es feliz y de esta manera puedo vivir con lo que cobro, que solo me hace falta eso”, asegura.

En el momento en que ves las ocasiones que han vivido estas menores es realmente difícil juzgarlas

Laura  también asistencia cada día a mujeres en su trabajo. Pero desde una perspectiva muy diferente. Es enfermera en un centro de menores especializado en jóvenes embarazadas o con hijos de tres año para abajo. “Son mujeres con un contexto familiar jodido todas y cada una y son muy agradecidas”, cuenta, “alguna aun no desea irse del centro por el hecho de que está bien con nosotras y tienen muchos elementos, desde reinserción laboral hasta atención sicológica”. 

Hace unos meses, antes de comenzar a trabajar, se encontraba inquieta: “Te imaginas que vas a ese centro con criminales, pero luego es todo lo contrario. En el momento en que ves las ocasiones que han vivido siendo inferiores no puedes juzgarlas y es tan fácil empatizar y acercarte emotivamente a …”, relata. 

Entre otras muchas cosas, Laura se encarga de la educación sanitaria. Charla con las jóvenes sobre educación sexual, hace intervenciones respecto a la comida -“muchas de ellas vienen de una situación de calle y comen de manera compulsiva”- y se hace cargo de cuidarlas, acompañarlas a sus salidas sanitarias y ayudarlas con sus hijos.

Ahora sólo hay una bebé en el centro y Laura se ocupa muchas veces de ella: “Le coloco vídeos educativos, jugamos, tenemos un gran vínculo”. Tanto es así que entre las primeras expresiones que dijo la niña fue su nombre. “Su madre me ha dicho muchas veces lo apacible que está de tenerme aquí. Es un trabajo muy gratificante”, explica Laura, que no quiere descubrir su auténtico nombre ni el del centro para sostener la privacidad de estas mujeres.  

Si algo tienen en común Mercedes, Pamela y Laura, es que en ningún instante de la charla alardean de lo que hacen, simplemente les agrada y lo disfrutan. Forman parte de ‘las invisibles’ que afirman el feminismo y los cuidados, pero ni se han parado a pensarlo.  


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