Cuando 1+1 no son 2

Andrew Brookes/GETTYUna mujer científica en un laboratorio. Cuando Maite Paramio, de 62 años, empezó sus estudios en la Capacitad de Veterinaria, las mujeres representaban el 6% del alumnado. En este momento sobrepasan el 80%. La

Cuando Maite Paramio, de 62 años, empezó sus estudios en la Capacitad de Veterinaria, las mujeres representaban el 6% del alumnado. En este momento sobrepasan el 80%. La incorporación de la mujer en la ciencia “ha mejorado muchísimo si lo comparamos con hace 40 años”, resalta la estudiosa, “pero esto sigue sin reflejarse bien en el porcentaje de mujeres con liderazgo”. La carencia de visibilidad, las adversidades para conciliar y un ámbito precario, apuntan las especialistas, son los inconvenientes a los que se combaten las mujeres en este campo.

Solo el 28% de las personas dedicadas a la investigación científica en el planeta son mujeres, según el informeDescifrar el Código: La educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) elaborado por la UNESCO en 2019. “Estas diferencias tan enormes, esta desigualdad tan profunda, no se dan por casualidad. Son demasiadas las pequeñas a las que se les impide avanzar por causa de la discriminación, los sesgos, las reglas sociales y las esperanzas que impactan en la calidad de la educación que reciben y las disciplinas que estudian”, refleja este informe.

El Estudio sobre la situación de las jóvenes estudiosas en España, elaborado por el Ministerio de Ciencia, refleja que las jóvenes de 25 años representan el 57% en los organismos públicos de investigación. Diez años después son menos de la mitad, el 48%, y con más de 65 años solo representan el 29%. “Nos falta todavía llegar a estar representadas lo mismo que nos encontramos en la base, en la cúpula”, recalca Paramio, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Investigadores y Tecnólogas (AMIT). Esta asociación trabaja a fin de que se cumplan las leyes de paridad y muestra campañas para impulsar la ciencia entre las niñas.

En el curso 2018-2019, según y tambiénl informe Datos y Cantidades del Sistema Universitario Español 2019-2020, el 54% de las matrículas universitarias correspondían a alumnas. Sin embargo, no están distribuidas de forma homogénea. Hay ramas de la ciencia, como la Salud, donde las mujeres representan el 70,3% de las matriculaciones. En otras, en cambio, la existencia de mujeres fué degenerando en los últimos tiempos, como la Informática, las Matemáticas “e inclusive la Física”, apunta la estudiosa.

Visibilizar y educar

Paramio destaca que solo hay teorías sobre el por qué de esta disminución en estas áreas, pero “una cosa está clara”: “Antes Informática era una licenciatura, hasta el momento en que pasó a llamarse Ingeniería Informática”. “El cambio de licenciatura a nombrarse Ingeniería logró que muchas mujeres dejaran de estudiarlo, por el hecho de que la palabra Ingeniería tiene una connotación masculina. Al paso que la licenciatura parecía como mucho más asequible a todas y cada una”, añade.

En el caso de las Matemáticas y de la Física, hace 20 años el único horizonte profesional era resultar profesor, remarca. “Esto es verdad que las mujeres lo asumíamos más. Ser profesoras es como una parte de nuestro ADN. Ahora la Física y las Matemática no se ven para ser profesores de un Centro o de la Universidad. En este momento se ven como la base de toda la biotecnología. Esto creó que toda la gente que estudia estas carreras no va con la idea de ser instructor, sino vaya con la iniciativa de hacer importantes cambios, incluso sociales”, y apunta que esto aleja a las mujeres. ¿La solución?: visibilizar y educar.

Una teoría que comparte Ana Bravo, maestra titular de la Universidad Autónoma de Madrid, presidenta de la Comisión de Igualdad del Centro de Ciencias Matemáticas (ICMAT). En el curso 2006-2007 las mujeres matriculadas en Matemáticas representaban un 51,3%. Desde ese momento, estos datos han disminuido hasta situarse en el 37,1% en el curso 2018-2019, según datos del Ministerio de Educación. “Hay un par de profesiones en las que tradicionalmente las mujeres nos vemos y son dando clase y cuidando enfermos, y por eso hay tantas mujeres realizando Medicina o Enfermería, allí no tienen esos datos tan escandalosos”, coincide.

¿Qué pasó? “Se está viendo que las Matemática sirven para ponerse en la compañía privada. Se deja de vincular con la enseñanza, es un perfil mucho más ingenieril, e igual ya no nos vemos estudiando una carrera como esa”, señala Bravo, quien apunta que a la mayor competitividad de esta especialidad -más parecida al perfil de los ingenieros-, como entre las causas en el descenso de matriculaciones. 

AMIT y el ICMAT tienen en común la labor en la divulgación de las ciencias en las más jóvenes como medida para mitigar su escasa representatividad. Con esto tratan de incitar la vocación científica entre las pequeñas para que “sepan que no solo pueden estudiar Historia y Literatura”, resalta Paramio.

Desde AMIT han llevado a cabo la idea NoMoreMatildas. El efecto Matilda es el síndrome de olvido y falta de reconocimiento de las mujeres científicas y la aportación que hicieron a lo largo de la historia. El nombre viene de Matilda Joslyn Gage, sufragista de norteamérica y la primera en denunciarlo. De este modo, el emprendimiento pretende dar a conocer a estas científicas olvidadas en los colegios y que las niñas tengan modelos de mujeres que puedan impulsar vocaciones científicas.

Conciliación y precariedad

Otro de los componentes escenciales en la situación de la mujer en la ciencia es que “actualmente conseguir estabilizarse en la carrera de estudiosa lleva demasiado tiempo”, señala Bravo. “A lo mejor andas cerca de los 40 y no es que no poseas un trabajo permanente, sino sabes que tienes un contrato que termina el 31 de diciembre y se termina, no tienes nada. Como es natural eso tiene un peso. Para una mujer, si a lo destacado se plantea tener hijos no puedes estar en una situación así. Eso perjudica a los dos sexos pero a las mujeres en mayor medida”, apunta.

Llúcia Martínez es la responsable de un equipo formado por nueves mujeres —pronto se sumarán dos integrantes más entre aquéllos que va a haber un hombre— que se encargan de hacer mucho más de la mitad de análisis de ADN de coronavirus para controlar la expansión de variaciones como la británica o la sudafricana. En su sector, el de la investigación biomédica, hay una gran presencia de mujeres, pero esto no les ha puesto las cosas mucho más fáciles. “Es una carrera de élite por el hecho de que los puestos son muy limitados, las ocasiones son muy pocas y como es natural cualquier problema que puedas tener en el camino hace que no logres llegar en el final, y en el caso de las mujeres los inconvenientes son muchos”.

A lo largo de la carrera se sienten con mucho más peso que los hombres y en algunos casos se encuentran piedras en el sendero. Los problemas, apunta Martínez, son los mismos de siempre: la maternidad, los cuidados a mayores —“que al final siempre y en todo momento recaen sobre las mujeres”— los micromachismos y, destaca, el síndrome del impostor, “que frecuenta poseer en todo momento el género femenino de que nunca eres suficientemente válida para haber el trabajo”. Con todo ello, es mucho más bien difícil que ganen esa carrera por los puestos. Solo llega lo más excelente y si para hacerlo tienes que sobrepasar todos esos inconvenientes, es mucho más bien difícil que lo hagamos.

Por eso charlan de precariedad. “La mayor parte de personas que están en situación precaria y que hancen el abultado del trabajo de los laboratorios son mujeres”, señala. Son mujeres muy formadas, con doctorados y estancias en el extranjero, con muy buenas carreras pero que continúan con contratos temporales de tres años sin saber si les van a actualizar. “Y te plantas con 40 o 50 años en esa situación”, resalta. Menos ella, el resto de su equipo, compuesto por mujeres entre los 35 y los 45 años, la mayoría con pequeños, están en esta situación de temporalidad.

Las estudiosas coinciden en que sí se ha avanzado en los últimos tiempos. Cuando Paramio quiso dirigir sus propios proyectos en investigación debió combatir por ello, “fueron años durísimos”, recalca. “No deseaban que me independizara, deseaban que prosiguiera trabajando con el señor con el que trabajaba, para toda la vida. Yo hacía los trabajos y los publicaba, era la cabeza pensante”, cuenta. Pero también deseaba ser cabeza pensante. Para conseguir el puesto y el lugar que el día de hoy tiene debió exigirlo y hacerse escuchar. En este momento, según Martínez, se han hecho avances en el momento de acceder a proyectos de investigación y en la visibilidad de las científicas.

Ambas señalan un punto en común en el que esta visibilidad llegó a toda la sociedad: las últimas manifestaciones masivas del 8 de marzo. Desde entonces conocemos los nombres de científicas, investigadores y matemáticas que antes eran invisibles para la sociedad.




Source backlink

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *