La cuadratura del círculo frente a la cuarta ola

Sergio R Moreno / GTresFernando Simón en una rueda de prensa en el Ministerio de Sanidad. No acabamos de salir de la tercera ola de la pandemia y un ámbito de los llamados expertos nos

No acabamos de salir de la tercera ola de la pandemia y un ámbito de los llamados expertos nos previene ya de la inminente cuarta ola de la pandemia, si no logramos sostener las actuales limitaciones para lograr una incidencia mínima que nos permita cara al verano acrecentar el actual ritmo de vacunación para acercarnos a algo similar a la inmunidad de rebaño.

En principio, no semeja conveniente ni pedagógico que cuando todavía nos encontramos doblegando la tercera ola con mucho esfuerzo, en lugar de apreciar lo conseguido y ofrecer ánimos para continuar adelante, se logre acabar que no ha servido de bastante y que indudablemente hay que prepararse para una cuarta ola igual o peor que la tercera, por causa de las nuevas variantes del virus, sin tomar en consideración la influencia positiva de las vacunas como protección de los sectores mucho más vulnerables. Olvidando con ello que ni el pesimismo es sinónimo de sabiduría, ni el optimismo de ingenuidad.

Para lograr una incidencia mínima de la pandemia, según sus mentores, es necesario consolidar la estrategia de contención y mitigación, manteniendo las limitaciones recientes de las comunidades a la movilidad, los horarios y los aforos, particularmente, en locales públicos cerrados. Algo de lo que ellos desconfiaban al comienzo de la tercera ola, en el momento en que los calificaban de puros parches destinados al fracaso, frente a su alternativa, prácticamente dogmática, que llamaban de “confinamiento domiciliario drástico y corto en el tiempo, con la meta horizonte del covid cero”. No obstante, a esta altura aún no se ha oído, por parte de ninguno de estos expertos, autocrítica alguna a raíz del resultado positivo de las medidas de protección y las restricciones adoptadas desde principios de año, que ellos descalificaron.

Por otra parte, esa estrategia alternativa de confinamiento domiciliario, que nosotros ya habíamos experimentado en la primera ola de marzo de 2020, logró poder al cabo de mucho más tres meses una incidencia mínima, pero a costa de lo que el día de hoy se considera por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), a la luz de la experiencia, que tuvo efectos colaterales indeseables. No solo en la economía, sino en la equidad popular, educativa o sanitaria, en el ánimo y la salud psicológica de la población. La aportación por ejemplo tanto del enclaustramiento domiciliario, como del cierre de las escuelas, tuvo una relevancia inapreciable para doblegar aquella ola pandémica.

A continuación, se produjo la desescalada precipitada y desorganizada, provocada como consecuencia de la presión del campo turístico, los partidos de la oposición y ciertas comunidades autónomas, pero asimismo gracias a la poco afortunada proclama propagandística del Gobierno de la inexistente novedosa normalidad, todo por salvar unas vacaciones veraniegas que tampoco aparecieron.

Una desescalada y un intérvalo de tiempo de control, que, pese a las medidas coordinación de respuesta temprana, no ha podido evitar el efecto choque a fines de agosto. Esto es, al cabo de apenas dos meses, sobre todo debido a la fragilidad de la atención principal y de la salud pública en parte de las comunidades, tanto en el rastreo de los contactos como en los apoyos a las medidas de cuarentena y aislamiento.

Por otra parte, tampoco es conveniente seguir con el tiempo pesimista con la vacunación y la inmunidad de rebaño. No tiene que ver con incapacidad del sistema sanitario autonómico y por tanto de la gran mayoría de las comunidades para hacer más ágil su aplicación. Esto lo han demostrado recientemente con la vacunación de la gripe a 14 miles de individuos mayores y pacientes de peligro.

Hasta ahora, la administración de las vacunas de la covid va a la agilidad de su llegada a España y se completa semanalmente. Se trata, por contra, de la incapacidad de las compañías farmacéuticas para realizar sus compromisos de producción y distribución de las vacunas en Europa. Por eso, la Unión Europea pide el cumplimiento de los contratos y los países empobrecidos siguen insistiendo en la suspensión de las patentes para el ingreso universal a la vacuna.

La amenaza de la cuarta ola parece vincularse por parte de estos especialistas a las comunidades autónomas que, de forma progresiva a la incidencia y a la evolución de su situación sanitaria, han flexibilizado progresivamente sus restricciones en la medida en que han salido de la región de peligro radical, más allá de que se mantengan aún en situación de urgencia.

Unas comunidades a las que, exactamente la misma al Ministerio de Sanidad se las trata por norma general con desconfianza, achacándoles inmerecidamente la vara de medir del negacionismo y los incumplimientos del Gobierno de la Comunidad de Madrid, la salvedad de la regla. Ni antes ni después de la cresta de la ola ha adoptado medidas restrictivas de la economía, como tampoco antes de fortalecimiento de la salud pública y la atención principal, salvo algún equipamiento más efectista que efectivo, alén de las limitaciones obligatorias contempladas con carácter general en el decreto del estado de alarma.

Es por eso, que estos expertos sostienen de nuevo que hablamos de no regresar a cometer los fallos que en Navidad nos llevaron a una flexibilización precipitada, en el momento en que todavía no habíamos logrado torcer por completo la segunda ola con datos de incidencia y saturación hospitalaria similares a los actuales. Vuelven con ello a achacar exactamente la misma causa de la precipitación en la desescalada, en un caso así para socorrer la Navidad, en el surgimiento de la tercera ola.

Lo cierto es que, de la misma hoy, entonces la situación no era homogénea entre los territorios, ni existió una desescalada navideña extendida como tal. Solo se produjo una mínima flexibilización, acotada a unas pocas fechas destacadas, manteniendo las principales medidas del estado de alarma firmes en la restricción a la movilidad de los cierres perimetrales de las comunidades y las provincias, al lado del toque de queda nocturno, así como la restricción en locales y aforos. Lo que sí continuó fue el hecho diferencial de La capital española en temporada navideña sumado a las comunes compras y asambleas familiares en los domicilios.

No obstante, hemos sufrido un mes de febrero con el peor saldo de muertos desde el mes de abril en la primera ola de la pandemia. Algo que ocurrió además prácticamente en todo el hemisferio occidental, y en particular en Europa y en Estados Unidos, donde las medidas fueron mucho más que menos estrictas. Ciertos países aún están con una alta incidencia y presión hospitalaria, superior aun a la española. Todo ello remite a algo mucho más que a la relativa flexibilización de las medidas, que quizá deba ver también con algunos componentes más como la meteorología invernal, con las consiguientes relaciones sociales y familiares.

El coordinador de alertas y emergencias sanitarias, doctor Fernando Simón, ha dicho últimamente que la comisión de salud pública está preparando un documento sobre medidas coordinadas para la Semana Santa sobre el que se pueda llegar a acuerdos entre las comunidades. Las acciones ordenadas son lo único verdadera y operativo en un sistema descentralizado.

Algunos argumentan que solo les vale alargar el estado de alarma y difundir las medidas en el BOE para hacerlas de obligado cumplimiento, independientemente de si existen mayorías sociales y parlamentarias para ello. Y es que ahora se están mejorando para disparar sobre el pianista.




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