8M, también en la calle

GTresManifestación con motivo del día en todo el mundo de la mujer celebrada en Barcelona. La pandemia demostró que tiene género y no me refiero en concepto de afectación a la salud, sino en concepto

La pandemia demostró que tiene género y no me refiero en concepto de afectación a la salud, sino en concepto de igualdad real, un sendero que el coronavirus ha hecho aún más empinado.

Los datos estadísticos y también informes de diferentes entidades son contundentes: el número de mujeres expulsadas al paro a lo largo de esta crisis prácticamente duplica el de hombres. Lo que es peor, muchas de las que perdieron sus empleos dejan de ser población activa con vocación de reintegrarse en el mercado laboral y pasan a ser trabajadoras de su hogar, que es un trabajo, sí, al que las mujeres dedican muchas horas por mes, pero sin contrato, sin salario y que no genera derechos.

El número de mujeres expulsadas al paro durante esta crisis prácticamente duplica el de hombres

Casi tenemos la posibilidad de decir que nos enfrentamos a una involución pues, pese a los adelantos de la lucha feminista, los permisos siguen en plena vigencia y nos asignan el papel de cuidadoras, de tal modo que, en cuanto vienen mal dadas, las costuras se abren y la brecha de la desigualdad se agranda, dejando en evidencia que frente a una crisis somos nosotras las que volvemos a casa. Y eso que el papel de la mujer fué fundamental contra la pandemia, pues los trabajos mucho más feminizados resultaron ser indispensables en lo peor de la crisis.

Han sido las trabajadoras de las viviendas, las enfermeras, las médicas, las limpiadoras, las cajeras del autoservicio, las enseñantes, las cuidadoras a domicilio, en las guarderías y tantas y tantas otras las que estuvieron en primera línea, a veces aun arriesgando su salud. La realidad es que la mayor parte de estas mujeres tienen trabajos precarios, mal pagados, invisibilizados y escasamente valorados.

De ahí que, el BNG dedica su campaña de este 8M, bajo el lema Sostemos o presente, cambiemos o futuro, a homenajear a todas esas mujeres y a reivindicar unas condiciones laborales a la altura de lo que aportan a la sociedad. ¡Se meritan el aplauso, claro! Pero, sobre todo, se merecen seguridad laboral y una nómina que les permita llegar a final de mes.

La pandemia también parece tener género en lo concerniente a nuestro derecho a manifestarnos este 8M para reivindicar la igualdad real y todo lo que consideremos de justicia. Por supuesto, conscientes de las restricciones que impone el virus, a sabiendas de que no es posible tomar las calles como masivamente logró el movimiento feminista gallego en los últimos tiempos, convirtiéndose en un referente en todo el Estado.

Impropia ver la velocidad con la que han surgido voces cuestionando nuestro derecho a salir a la calle

Pero pasma e indigna a partes iguales ver la rapidez con la que han surgido voces, en particular en las filas de la derecha y de la extrema derecha, cuestionando nuestro derecho a salir a la calle en esta fecha simbólica. Durante este último año vimos movilizaciones, concentraciones y manifestaciones de todo tipo sin que nadie emprendiese cruzada alguna en contra, y eso que todas y cada una tenemos en la retina escenas indignas en este contexto pandémico.

Pero ahora que llega el 8M, que somos las mujeres las que queremos expresarnos en la calle, empieza una campaña en contra que mismo pone en lona de juicio nuestra responsabilidad como ciudadanas. Hasta parece que desde esa derecha y extrema derecha se busca abonar el lote para culparnos de una eventual cuarta ola, como hicieron hace un año. Esa mentira repetida mil ocasiones, que sigue siendo la madre de todas y cada una de las mentiras en este tiempo de fakenews.

En el fondo, no es solamente que el patriarcado de siempre y en todo momento, el machismo de siempre bramando contra nuestras ansias de igualdad y de libertad, criminalizando al movimiento feminista, tratando por todos los medios evitar el progreso de nuestros derechos, porque saben que ese avance equivale al retroceso de sus privilegios.

No van a amedrentarnos, no van a evitar que alcemos la voz

Advertidos quedan: no van a amedrentarnos, no van a evitar que alcemos la voz, no vamos a quedarnos en el hogar aguardando permiso de nadie y menos de la caverna de siempre. Saldremos a manifestarnos como cada 8M, seguramente y con compromiso, pero con las mismas ansias de libertad y de igualdad que las que mostraron tantas que nos precedieron y que muestran, junto a nosotros, esas generaciones más jóvenes que nos confirman que el feminismo, fue, es y va a ser un arma cargada de futuro.

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