Atragantamientos, convulsiones y electrocuciones: ¿cómo actuar y qué no hacer nunca en situaciones de emergencia?

Puede que alguna vez te hayas visto en una situación de emergencia médica frente a la que no tenías muy claro cómo actuar, ya fuese por ti o por otra persona. En Maldita Ciencia ya

Puede que alguna vez te hayas visto en una situación de emergencia médica frente a la que no tenías muy claro cómo actuar, ya fuese por ti o por otra persona. En Maldita Ciencia ya os contamos cómo actuar en casos concretos como quemaduras, cortes y hematomas o fiebre, golpes de calor y otras situaciones. 

Ahora bien, hay otros muchos contextos en los que determinadas pautas de actuación también podrían ayudarnos. ¿Qué tengo que hacer frente una electrocución o una fractura o luxación? ¿En qué casos es recomendable asistir de forma activa a la persona afectada? ¿Cuándo debemos limitarnos a protegerla y esperar a que lleguen los servicios sanitarios? 

Como apunta la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), es importante entender que la respuesta de la sociedad puede ser imprescindible en este tipo de situaciones. Tanto que una intervención precoz, con técnicas muy sencillas sobre una persona que sufre una obstrucción de la vía aérea, por ejemplo, puede salvarle la vida.

“Cualquier ciudadano tiene la obligación moral de responder ante una situación de urgencia si está presente en el momento que ocurre”, explica a Maldita Ciencia Juan Carlos Montalvá, coordinador del grupo de trabajo de Urgencias de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN). “Evidentemente, la actuación sobre el individuo que sufre un evento debería iniciarse con la llamada al 112, que rápidamente informará de las medidas iniciales a tener en cuenta ante la situación que se dé”, añade. 

Ahora bien, también pueden darse circunstancias en las que, como ciudadanos de a pie, nunca debemos intervenir. “Por ejemplo, si existe un riesgo concreto, como un camión de material peligroso, que supone un peligro tanto para el accidentado como para el paciente. Tampoco hay que intervenir si hay sanitarios actuando sobre el paciente, además de procurar no acercarse ni obstruir la vía de salida. Sobre todo, hay que evitar caídas o accidentes al mover al paciente sin seguridad. En estos casos, mejor esperar a la llegada de sanitarios, bomberos, policía, etc.”, indica Montalvá.

¿Qué hacer en caso de atragantamiento? 

Podemos atragantarnos al comer o al manipular algún objeto cerca de la boca estando despistados. De hecho, suelen ser los casos más comunes.

Cuando un poco de líquido o una miguita “se te va por otro lado”, lo habitual es que la tos sea suficiente para liberar de nuevo tus vías respiratorias y acabar con la situación de atragantamiento. Es decir, cuando un cuerpo extraño queda atrapado de forma accidental en las vías respiratorias, obstruyéndolas e impidiendo que el aire llegue a los pulmones y haya riesgo de asfixia

“Es importante que todo el mundo sea consciente de que, ante un atragantamiento con posible obstrucción de vía aérea, es necesario provocar la salida del cuerpo. Eso sí, nunca se debe hacer manipulando la boca con los dedos ni provocando el vómito”, recuerda Montalvá.  

Según diferentes instituciones sanitarias, lo primero que debemos hacer ante alguien en esta situación es ponernos detrás de él o ella, inclinarle hacia adelante y darle varios golpes secos entre los omóplatos. El objetivo es que sea capaz de expulsar aquello que está causando el atragantamiento. 

Si con este gesto no logramos extraerlo, lo conveniente es realizar la maniobra de HEIMLICH. “Esta consiste entrelazar las dos manos, cerrando el puño, alrededor de la cintura y por debajo del tórax. Una vez colocadas, realizar un abrazo fuerte de unos segundos unas 3 o 4 veces, para facilitar la expulsión del cuerpo extraño”, indica el médico. 

Para evitar una situación similar, como medidas básicas de prevención en adultos, SEMES recomienda cortar los alimentos en piezas pequeñas, masticar los alimentos lenta y completamente, no reírse ni hablar mientras se mastica y traga y evitar la ingesta excesiva de alcohol antes y durante las comidas.        

Si quien está sufriendo el atragantamiento no es un adulto, sino un niño menor de un año, el primer gesto será mirar la boca. “Si vemos el objeto lo sacaremos, con mucho cuidado de no empujarlo hacia adentro (haciendo un gancho con el dedo por la cara interna de la mejilla)”, explica la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)

En caso de que no veamos o no podamos sacar el cuerpo, se debe girar al niño y ponerlo sobre las piernas con la cabeza algo más baja que el cuerpo. Una vez adoptada la postura, darle cinco golpes secos en la parte alta de la espalda, entre los omóplatos. Después le daremos la vuelta para comprobar si respira. 

Si seguimos sin ver nada en la boca y el niño no puede respirar, “haremos cinco compresiones en el centro del pecho con dos dedos de la mano. El lugar donde se comprime es justo debajo de la línea imaginaria que une ambos pezones”. 

Lo más importante para evitar este tipo de situación en niños es mantener objetos pequeños (todo lo que  entre por el agujero de un rollo de papel higiénico) fuera de su alcance; evitar que caminen, corran o jueguen con alimentos o juguetes en la boca y supervisarles al comer.

Aunque la mayoría de las obstrucciones son leves, otras pueden hacer que la víctima entre  en parada cardiorespiratoria por falta de oxígeno.

Qué hacer ante un caso de parada cardio-respiratoria 

Una parada cardiorrespiratoria es el cese brusco, inesperado y potencialmente reversible del latido cardíaco y de la respiración

Ante una situación como esta, debemos empezar cuanto antes una reanimación cardiopulmonar (RCP). Este es “el conjunto de maniobras que se dirigen primero a sustituir y después a restaurar el latido cardíaco y la respiración”, según explica la Asociación Española de Enfermería en Cardiología (AEEC).

Según Montalvá, ante una parada cardiorrespiratoria, todo el mundo debería chequear ciertos factores. Tras valorar el nivel de conciencia (si la persona está consciente o inconsciente, estimulándola), si esta no responde, lo primero es comprobar si respira o no (ver-oír-sentir)

“Si no se sospecha de riesgo de lesión medular, situaremos al paciente boca arriba y echaremos hacia atrás la cabeza, colocando una mano en la frente y otra en la mandíbula para despejar las vías aéreas. Comprobaremos si respira acercando nuestra mejilla a su boca y nariz para mirar hacia su pecho, ver si sube y baja el tórax, oír la respiración y sentir si respira”, indica la Asociación de enfermeros. 

Si no respira debemos avisar al 112. “Aportaremos la mayor cantidad de información que podamos: tiempo transcurrido, situación, cómo ha ocurrido en caso de haberlo presenciado…”, recuerda la AEEC. Tras ello, iniciaremos la RCP

“La reanimación debe realizarse a través de compresiones torácicas con las dos manos a nivel del centro del tórax y una cadencia de unas 100 por minuto hasta que llegue la ayuda. En caso de precisar cambio de reanimador, este debe hacerse cada dos minutos”, explica Montalvá. 

Ahora bien, ¿cómo nos aseguramos de seguir una cadencia de 100 compresiones por minuto? En 2018 un equipo de investigadores españoles dirigido por Enrique Carrero Cardenal propuso una sencilla respuesta a esta pregunta: seguir el ritmo de determinadas canciones. La mejor alternativa, según los expertos, La Macarena, de Los del Río.  También serviría Stayin’ Alive de los Bee Gees.

“Es importante que no se acumule gente alrededor del paciente, para evitar la falta de ventilación. Por supuesto, no hacer nada si no se tienen nociones mínimas o no se dispone de las indicaciones de sanitarios o del sistema de urgencias 112”, añade.

¿Cómo sé si estoy sufriendo un infarto? ¿Qué debo hacer?

Hay casos de emergencia en los que es importante conocer los síntomas que pueden avisarnos antes de que se produzca. Es el caso de un infarto. 

En concreto, las “pistas” son bastante características y su aparición, brusca: dolor intenso en el pecho, sensación de malestar general, mareo, náuseas y sudoración. Además, el dolor puede extenderse al brazo izquierdo, mandíbula, hombro, espalda o cuello. 

Si sentimos que estamos sufriendo un cuadro similar o si somos conscientes de que le está sucediendo a alguien de nuestro alrededor, lo primero y más importante es llamar a emergencias. “Conducir tú mismo es el último recurso; recuerda que hacerlo en esas circunstancias puede ser un riesgo tanto para ti como para los demás”, aconseja en su página web la Clínica Mayo.

Una vez hemos alertado a los profesionales sanitarios, ya estemos sufriendo los síntomas nosotros u otra persona, se debe procurar permanecer sentado, descansando, manteniendo la calma y aflojar cualquier prenda de vestir ajustada si las hubiese.

Es recomendable masticar y tragar una aspirina, a menos que se sea alérgico o que el médico haya negado su toma. Si el médico ha recetado nitroglicerina al paciente, este debe seguir tomándola según las indicaciones (eso sí, nunca la de otra persona). Circula el bulo de que, en esta situación, toser fuerte puede ser de ayuda, pero no, ya lo explicamos aquí.

Si la persona está inconsciente, la solución vuelve a ser la RCP. Por último, si hay un desfibrilador externo automático a mano y la persona está inconsciente, sigue las instrucciones del dispositivo para utilizarlo.

También hay que tener en cuenta prácticas que nunca se deben llevar a cabo en estas circunstancias, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos: no se debe dejar a la persona sola (excepto para pedir ayuda), no permitir que niegue los síntomas o nos convenza para no solicitar ayuda de emergencia ni esperar, por si los síntomas desapareciesen. 

Una persona cerca de mí está convulsionando, ¿debo hacer algo?

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos señalan en su página web que alrededor de 1 de cada 10 personas sufrirá un episodio de convulsiones al menos una vez en la vida. Esta proporción no solo indica que son casos más o menos comunes, sino que es probable que, en alguna ocasión, nos veamos en la situación de tener que asistir a una persona durante o después de una crisis convulsiva. 

No todas las convulsiones son de la misma gravedad. Ante un episodio leve y breve, los CDC recomiendan permanecer con la persona hasta que este haya terminado y recupere la consciencia completamente. Cuando las convulsiones acaben, intentar tranquilizar y explicarle lo que acaba de suceder. 

Si la situación se percibe más grave, si la persona grita, se cae, tiembla o tiene espasmos, la institución americana recomienda recostarla en el suelo y voltearla hacia un lado, para ayudarla a respirar. 

“Si es posible, hacerlo en posición de seguridad: cabeza ladeada, cuerpo hacia el lado izquierdo, mano derecha hacia el hombro izquierdo y pierna derecha flexionada hacia la izquierda”, recomienda Montalvá. “No se debe poner al paciente boca abajo o cruzarle los brazos por delante, ya que esto podría impedir la correcta expansión del tórax”. 

Es importante retirar de su alrededor posibles objetos duros o afilados. Lo mismo si lleva gafas, corbata o cualquier otra cosa alrededor del cuello que pueda dificultar su respiración. A continuación, buscar una superficie mullida, como una chaqueta doblada, donde apoyar la cabeza y permanecer con ella el tiempo que dure la convulsión.

¿Qué hacer ante una luxación o una fractura?

No es lo mismo una fractura, la ruptura de un hueso, que una luxación o separación permanente de las dos partes de una articulación. “Aún así, ambas presentan signos y síntomas muy parecidos, siendo difícil diferenciarlas. Por eso es importante seguir unos pasos que servirán en ambas situaciones, evitando riesgos innecesarios”, señala en este artículo Alicia Díaz, enfermera experta en primeros auxilios.

Lo más importante: evita las movilizaciones para no empeorar la situación, sobre todo si la zona afectada se trata de la espalda, el cuello o la cadera. Luego, intenta localizar la articulación afectada y realiza una evaluación primaria (fíjate en los signos vitales) y una secundaria (preguntando por sensaciones, dolor, posibilidad de movimiento, deformidades…). A continuación, llamar al número de emergencias y esperar a que acudan, sin abandonar a la víctima en ningún momento.

Después, inmovilizar el miembro en la posición en la que se encontró (sin manipular) con un cabestrillo o una férula improvisada. “El objetivo es que el miembro se mueva lo menos posible, pero observando que no quede demasiado ajustado”, indica Díaz. 

Si existen heridas, antes de inmovilizar el miembro se deben limpiar y cubrir con gasas estériles o paños limpios. Otro consejo que puede ser útil es aplicar frío local (hielo, bolsas de agua fría) para reducir la inflamación y el dolor. Eso sí: dejar siempre la articulación en reposo absoluto.

Pautas que tener en cuenta ante una electrocución 

Las consecuencias y la gravedad tras haber sufrido una descarga eléctrica no son siempre las mismas. Estas depende de diferentes factores, como el tipo de corriente, el voltaje y cómo la corriente se desplazó por el cuerpo de la persona afectada así como su salud general y la rapidez con la que recibió un tratamiento tras el incidente. 

“Una descarga eléctrica puede causar quemaduras o puede no dejar ninguna marca visible en el cuerpo”, recuerda la Clínica Mayo. “En cualquier caso, si una corriente eléctrica atraviesa el cuerpo, puede causar daños internos, un paro cardíaco u otras lesiones”. Puede, incluso, ser mortal.

Si se da el caso en el que debes asistir a una persona que ha sufrido un episodio similar, lo más importante es no tocarla si esta sigue en contacto con la corriente eléctrica

En caso de que la fuente de la quemadura haya sido un cable de alto voltaje o un rayo, llama a emergencias, evita acercarte al lugar donde ha ocurrido, por si hay emisión de chispas. Como en los casos anteriores, además, hay que evitar mover a la persona que ha sufrido la lesión eléctrica, salvo que se encuentre en un peligro inmediato.

También debes llamar a emergencias si, aunque la causa no fuesen las fuentes anteriores, el paciente tiene quemaduras graves, confusión, dificultad para respirar, problemas en el ritmo cardíaco, dolor y contracciones musculares, convulsiones o pérdida del conocimiento

Mientras llega la ayuda médica, presta atención a la temperatura del lesionado (evita que se enfríe) e intenta tapar las zonas quemadas con una gasa esteril o una tela limpia (nunca mantas ni toallas, que pueden quedarse pegadas a las quemaduras). 

Es importante tener en cuenta todas estas pautas y ponerlas en práctica en caso necesario. Como explican los expertos, podemos incluso salvar una vida. 


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