Las afirmaciones falsas del documental ‘The Big Reset’ sobre las vacunas contra la COVID-19

Recursos utilizados Expertos Literatura científica Fuentes oficiales (comunicados, bases de datos, BOE) Se está difundiendo un autodenominado documental llamado ‘The Big Rest’, ‘El gran reinicio’ o ‘El gran reseteo’ en el que se hacen numerosas afirmaciones falsas

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Fuentes oficiales (comunicados, bases de datos, BOE)

Se está difundiendo un autodenominado documental llamado The Big Rest’, ‘El gran reinicio’ o ‘El gran reseteo’ en el que se hacen numerosas afirmaciones falsas sobre la pandemia y las vacunas contra la COVID-19, como ya os hemos contado en Maldita Ciencia. Se asegura, por ejemplo, que las vacunas no son una solución para frenar la pandemia, que son un experimento o que son una terapia génica para alterar el ADN humano. Os explicamos por qué son falsas estas afirmaciones del vídeo.

Esta verificación ha sido realizada en el marco del proyecto #VACÚNAte que Maldita.es y la agencia de noticias Servimedia desarrollan contra la desinformación sobre las vacunas de la COVID-19 con el apoyo de Google Digital News Innovation.

Por qué es necesario vacunarse contra el coronavirus

“El 99,2% de la población no está infectada de coronavirus. ¿Por qué es necesaria una vacunación masiva de toda la población?”, plantea uno de los entrevistados del vídeo. “La vacuna no es la solución”, dice otra persona. Primero hay que recordar las grandes mejoras que nos han traído las vacunas: enfermedades erradicadas o casi y 2,5 millones de muertes que se evitan cada año.

Además, como ya explicamos, la inmunidad de grupo o de rebaño es la protección de una determinada población ante una infección debido a la presencia de un elevado porcentaje de individuos inmunes. Esta se puede lograr de forma natural, vía infecciones (aunque existen las reinfecciones, las nuevas variantes pueden favorecerlas y no sabemos cuánto dura la inmunidad natural), o por la vacunación.

Entre un 60% y un 70% de la población debe tener anticuerpos contra el coronavirus para alcanzar la inmunidad de grupo, según explicó el director del Instituto de Virología del hospital Charité de Berlín Christian Drosten en una entrevista en The Guardian.

No obstante, Drosten aclaró que no es tan sencillo como alcanzar esa cifra a nivel nacional, regional o incluso provincial. Dado que la población inmunizada no es homogénea y por la movilidad humana, hay personas que una vez se alcance la inmunidad de grupo en una zona podrían infectarse e iniciar nuevos brotes entre las personas no inmunizadas en otra zona.

Pero alcanzar la inmunidad de grupo dejando circular el coronavirus y padeciendo la COVID-19 “supone un riesgo muy importante para la población, si consideramos que aproximadamente el 20% de los infectados requieren ingreso hospitalario y que, de los ingresados, un 5% llegan a fallecer», explicó a Maldita Ciencia la Sociedad de Española de Inmunología (SEI).

En cambio, vacunarse frente a la COVID-19 tiene beneficios colectivos más allá de la inmunidad de grupo, explicó el decano de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid, Jesús Pérez Gil, en un artículo en The Conversation que republicamos en Maldita.es. “Cada persona que no se vacune, aunque su riesgo de contraer COVID-19 fuera bajo, pone en riesgo al resto. No solamente al sector de población más vulnerable, sino a toda la población”, aclaró Pérez Gil.

Las vacunas contra el coronavirus sí son vacunas y existen de distintos tipos, algunas usan mecanismos de inmunización tradicionales

“Se ha aplicado el término de vacuna porque es socialmente más aceptado pero no es el mecanismo de acción normal o habitual que conocíamos de las vacunas” dice otro entrevistado. “Realmente no es una vacuna al uso”, afirma otro. Pero esto no es así.

En primer lugar, hay que aclarar que todas las vacunas por definición hacen que el sistema inmunológico de una persona pueda reconocer y defenderse contra una determinada enfermedad sin padecerla al producir anticuerpos. Por lo tanto las vacunas contra el coronavirus son como el resto son vacunas.

En segundo lugar, hay que explicar que las vacunas tradicionales se basan en administrar el virus debilitado o inactivado contra el que se quiere luchar. De este tipo también hay contra el coronavirus: como la vacuna china de Sinopharm, aprobada en Argentina y Perú, que es una vacuna de virus inactivado. Este tipo de vacunas se utilizan desde hace más de un siglo. La vacuna contra la poliomielitis, la rabia y la hepatitis A usan esta tecnología.

Pero hay más de tipos de vacunas contra el coronavirus como la rusa Sputnik V, que se está administrando en países como Argentina y México, que es de vectores adenovirales humanos (usa un virus modificado para introducir material genético del virus, que dentro de nuestras células se transformará en ARN y no afectará a nuestro ADN ni en nuestros genes, por lo que no es una terapia genética como explicaremos después), al igual que la de AstraZeneca y Universidad de Oxford aprobada en España para menores de 55 años. Este método se ha usado con anterioridad frente al virus del Ébola y del Zika.

Vacunas con otro tipo de mecanismo de acción se han aprobado hasta el momento en la Unión Europea. Como las de ARN mensajero de la vacuna de Pfizer. Hasta entonces nunca se había aprobado una vacuna de ARN mensajero, pero hay que aclarar que estas vacunas han sido testadas en humanos antes de ser aprobadas y, como explicamos en el siguiente punto, no son terapia genética ni afectan a nuestros genes. Además, se lleva décadas investigando con vacunas de ARN mensajero y se ha estudiado anteriormente para la gripe, el zika, la rabia y el citomegalovirus, explican los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

No es cierto que las vacunas de ARNm sean una terapia génica experimental que puede alterar el ADN humano

“Las así denominadas vacunas de ARNm contra la COVID-19 desarrollan un proceso en las células que también se emplea para crear organismos transgénicos”, afirma el vídeo. La médica negacionista Natalia Prego, de quien ya hemos desmentido desinformación que ha difundido sobre la vacuna contra la COVID-19, dice también que “no es moral que no se esté diciendo que es una terapia génica experimental que puede provocar modificaciones en el genoma humano a largo plazo”. Pero es falso. Como ya os explicamos, las vacunas contra el coronavirus no pueden hacernos transgénicos ni alterar nuestro ADN.

Las vacunas de ARN mensajero, como las de Pfizer/BioNTech y las de Moderna, introducen una secuencia de ARN con las instrucciones para producir el antígeno en nuestras células. De esta forma se entrena al sistema inmune para que reconozca los patógenos que causan enfermedades y así pueda defenderse de ellas. Lo que hacen las vacunas de ARN mensajero es, en vez de introducir en el organismo un patógeno atenuado o una parte de este, introducir las instrucciones para que sea nuestro propio organismo el que produzca el antígeno (en este caso una proteína) que desencadene la reacción del sistema inmune.

En el caso del coronavirus SARS-CoV-2, la vacuna de ARN mensajero provoca que se produzca la proteína S de la superficie del virus y así entrena a nuestro sistema inmune frente al coronavirus antes de que ocurra la infección.

Como explicó a Maldita Ciencia Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología y presidente del Comité de Ética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), «al utilizar ARN mensajero estas vacunas le están proporcionando a las células las instrucciones para que estas fabriquen proteína S del coronavirus. Nada más. Estas moléculas de ARN mensajero son extraordinariamente lábiles [frágiles], y desaparecen muy rápidamente tras ser usadas para producir proteína S. Por eso hay que mantenerlas congeladas a tan baja temperatura».

Montoliu descartó que estas moléculas vayan «a insertarse en nuestro ADN, que sería la única manera de que nuestras células acabaran modificadas genéticamente, es decir, que se convirtieran en transgénicas. El ARN se administra, se usa y desaparece, se destruye y degrada por la propia célula, y ahí acaba su viaje«.

Las vacunas no son experimentales ni un proyecto de investigación

Tampoco es cierto, como ya hemos explicado también, que ninguna de las vacunas contra el coronavirus aprobadas sean experimentales o los vacunados formen parte “de un proyecto de investigación”, como también se dice en el vídeo de ‘El gran reinicio’. Las vacunas han sido aprobadas tras pasar la fase 3 de ensayos clínicos, al igual que el resto de medicamentos y vacunas aprobadas.

La fase 4 es la última fase de experimentación clínica y ocurre cuando está ya comercializada y se usa a gran escala. El objetivo de esta fase es monitorizar los efectos secundarios del fármaco, sobre todo los más raros, que pueden observarse sólo cuando el medicamento es utilizado a gran escala.

En esta fase se encuentran las vacunas comercializadas y autorizadas por las autoridades sanitarias contra el coronavirus pero por esta fase pasan todas las vacunas y medicamentos tras ser aprobados. Lo dice la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS): la fase 4 examina los efectos a largo plazo una vez el medicamento se ha comercializado.

Por qué no hay evidencia de que las vacunas contra el coronavirus provoquen esterilidad

En el vídeo también se relacionan las vacunas contra el coronavirus con infertilidad como efecto secundario de la vacunación. Pero ya hemos explicado por qué no hay evidencia de que las vacunas contra el coronavirus provoquen esterilidad.

Otros contenidos que ya desmentimos se basan para decirlo en el argumento erróneo de que la vacuna de ARN mensajero se une a la enzima angiotensina 2 (ACE2) de las células, que interviene también en la infección por parte del coronavirus, que está presente principalmente «en los testículos, en ovarios y no en los pulmones». Pero no hay pruebas de que sea así.

Los tres conceptos claves para hacer esta afirmación falsa (la enzima ACE2, la COVID-19 y la vacuna) sí están vinculados entre sí, pero no como se dice en estos bulos. «La relación es sencilla», afirmó en Maldita Ciencia Sonia Zúñiga, investigadora de coronavirus en el Centro Nacional de Biotecnología. «La enzima ACE2 es el receptor celular para el SARS-CoV-2. Es decir, es la proteína que el virus reconoce en la superficie de las células para entrar en ellas. Por tanto, si una vacuna induce anticuerpos neutralizantes, éstos van a impedir la unión de la proteína de la espícula del virus a la ACE2 de las células», explicó.

Se dice que «la enzima ACE2 no se expresa en tejido pulmonar» o «la enzima ACE2 se expresa solamente en el corazón, riñones y testículos». Pero esto no es así: la proteína ACE2 se expresa en muchos tejidos, incluidos también los del sistema respiratorio, como el de los pulmones, según señalaron tanto Zúñiga como Jaime Jesús Pérez Martín, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Vacunología.

«No se entiende cómo podría afectar o cómo podría explicarse este fenómeno«, opinó Pérez. «Hay muy pocos estudios sobre las repercusiones de la infección del COVID-19 en el esperma humano«, añadió. Pérez recordó que lo que la vacuna pretende es generar anticuerpos frente a una parte del virus (la espícula). Los anticuerpos se pueden crear tanto por la vacunación como por la propia infección. «Los de la vacuna son más específicos pero son igualmente anticuerpos neutralizantes», matiza. «Es decir, inmunológicamente la vacuna va a ser una versión ‘buena’ de la infección».

Además, el miembro de la SEV incidió en que ni siquiera se ha descrito esterilidad en las personas infectadas supervivientes a la infección por COVID-19. «Por lo tanto, no sería lógico que ocurriera tras la vacunación. No está entre las hipótesis de trabajo y tampoco se ha descrito como efecto adverso en las 60.000 personas vacunadas en los ensayos clínicos».

En ‘The Big Reset‘ se hacen otras afirmaciones falsas sobre la pandemia de COVID-19. Por ejemplo, se dice que «la crisis sanitaria no existe«, pero no es cierto: en España murieron casi un 20% más de personas durante la primera mitad de 2020. Además, tampoco es verdad que la PCR de muchos falsos positivos por otros virus, que sea inespecífica, o que la OMS haya dicho que no sirve para diagnosticar la COVID-19. El vídeo también plantea que «la gripe ha desaparecido cuando en otros años los hospitales estaban saturados» y que es una «pregunta de difícil explicación». Sin embargo, como ya os hemos explicado en Maldita Ciencia, la gripe ha disminuido por las medidas antiCOVID y hay más casos de coronavirus que de gripe por su mayor transmisibilidad.

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Primera fecha de publicación de este
artículo: 17/03/2021




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