Medicamentos que aumentan el riesgo de trombos más que la vacuna de AstraZeneca

Este miércoles 7 de abril, la Agencia Europea del Medicamento ha publicado una nueva evaluación de la vacuna de AstraZeneca en la que se refiere a algunos casos de trombosis sanguínea como un posible efecto

Este miércoles 7 de abril, la Agencia Europea del Medicamento ha publicado una nueva evaluación de la vacuna de AstraZeneca en la que se refiere a algunos casos de trombosis sanguínea como un posible efecto secundario muy raro de la vacuna, tras analizar un total de 86 casos entre aproximadamente 25 millones de personas que la han recibido.

Ante esto, hay una preocupación e incertidumbre entre las personas que se han vacunado o que se van a vacunar con este fármaco. Pero para medir mejor el riesgo que supone y ponerlo en contexto, es útil saber que hay otros medicamentos habituales que aumentan el riesgo de sufrir trombosis, algunos en una medida más alta que esta vacuna, y todos son seguros.

Antes de indicar los distintos riesgos de distintos medicamentos, un par de aclaraciones. Para simplificar la cuestión vamos a indicar los riesgos de trombosis de los distintos fármacos, sin especificar qué tipo de trombosis se producen en cada caso. En todos los casos indicaremos el riesgo señalando las personas por cada 100.000 que pueden sufrir trombosis con cada medicamento a partir de la información en su prospecto.

Los anticonceptivos hormonales

En el caso de AstraZeneca, la EMA indica que la trombosis debe incluirse en su prospecto como efecto secundario «muy raro». Se consideran efecto secundarios muy raros aquellos que afectan a menos de 1 persona por cada 10.000. De hecho, según los datos recogidos por la EMA a fecha de 4 de abril, este posible efecto secundario afectaría a menos de 1 persona por cada 100.000 habitantes.

En comparación, los anticonceptivos hormonales combinados, el formato más común es la píldora anticonceptiva, suponen un riesgo de trombosis más alto. Aunque varía ligeramente dependiento de su composición exacta, la aparición de trombos puede afectar a hasta 100 mujeres por cada 100.000 que lo utilicen. En el prospecto de una de las más utilizadas se cifra el riesgo de trombosis concretamente en entre 90 y 120 afectadas por cada 100.000 mujeres que la tomen. También es ese el riesgo si estos compuestos se toman en otros formatos, como el anillo anticonceptivo.

En el caso de los anticonceptivos hormonales simples, o minipíldoras, que no llevan derivados de los estrógenos, el riesgo se redice: aquí los trombos se consideran un efecto secundario raro que puede afectar a al menos 10 personas por cada 100.000 habitantes.

Otros ejemplos: corticoides o antipiscóticos

Otro ejemplo de medicamento que aumenta el riesgo de trombos es la prednisona, un tipo de corticoide que se utiliza para controlar procesos inflamatorios que pueden tener como síntomas el asma, sarpullidos o artritis. También afecta al sistema inmunitario. Según el prospecto de un medicamento cuyo componente principal es este compuesto, los trombos son un efecto secundario poco frecuente, esto es, que podría afectar a 1.000 de cada 100.000 pacientes que lo tomen.

La olanzapina es un compuesto antipsicótico que se utiliza en el tratamiento de la esquizofrenia y de algunos episodios de depresión. Según el prospecto de un medicamento que lo tiene como su principal componente, la olanzapina tiene los coágulos sanguíneos como efecto secundario poco frecuente, es decir, que podría afectar a 1.000 de cada 100.000 pacientes que lo utilicen.

El riesgo y el beneficio de vacunarse contra la COVID-19 con AstraZeneca

Comparar el riesgo de trombos de la vacuna de AstraZeneca y el de otros medicamentos sirve para poner en contexto la posible preocupación de recibir este fármaco, y ver cómo los efectos secundarios existen para todos los medicamentos, también para los que no están de actualidad. Pero también es cierto que a una vacuna se le exige un nivel de seguridad más alto por un motivo lógico: una vacuna no nos cura ni nos mejora ningún síntoma que nos moleste o nos haga sufrir, sino que se administra a personas que están en principio libres de una enfermedad y que podrían no sufrirla nunca.

Así que incluimos aquí otra comparación: la del riesgo que supone ponerse esta vacuna en relación al riesgo que supone no ponérsela. Eso es precisamente lo que han calculado científicos del Centro Winton de Evaluación y Comunicación del Riesgo de la Universidad de Cambridge, teniendo en cuenta que esta comparación será diferente dependiendo del estado de la pandemia en ese momento (lo que afecta al riesgo de contagio) y de cada grupo de edad (lo que influye en el riesgo de desarrollar un caso de COVID-19 grave si se contrae la enfermedad).

Potenciales riesgos y beneficios de la vacuna AZ con una exposición baja al virus (traducido por Agencia SINC)

Con esos datos han elaborado tres gráficos, teniendo en cuenta un riesgo de exposición alto, medio o alto al virus. Solamente en el grupo de edad más joven, de 20 a 29 años, con un riesgo de exposición bajo en un momento de incidencia muy baja del virus, los riesgos de vacunarse superarían ligeramente a sus beneficios. En todas las demás combinaciones de grupos de edad y estado de la pandemia, los beneficios superan los riesgos de forma evidente.

Potenciales riesgos y beneficios de la vacuna AZ con una exposición media al virus (traducido por Agencia SINC)
Potenciales riesgos y beneficios de la vacuna AZ con una exposición alta al virus (traducido por Agencia SINC)

Toda medicación tiene riesgos

Pepe Alcamín, virólogo e investigador del Instituto de Salud Carlos III ha explicado en el Telediario de TVE que toda medicación tiene riesgos: «Toda medicación tiene riesgos, ninguna tiene un riesgo cero. En este caso es un riesgo muy bajo: por debajo de uno por 10.000 casos de efectos adversos».

El científico considera normal pero sigue recomendando que todo el mundo se vacune. «Para tomar la decisión hay que tener en cuenta dos aspectos: el primero es que el riesgo cero no existe. Cada actividad que llevamos a cabo tiene un riesgo. El segundo es valorar qué gano si me vacuno y qué pierdo si me dejo de vacunar».


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