Cómo hacer frente al miedo o la preocupación de vacunarse con AstraZeneca

Recursos utilizados Expertos Superpoderes Fuentes oficiales (comunicados, bases de datos, BOE) Durante las últimas semanas y en relación a la vacunación contra la COVID-19, se ha hablado especialmente de la de AstraZeneca. El pasado miércoles

Recursos utilizados

Expertos

Superpoderes

Fuentes oficiales (comunicados, bases de datos, BOE)

Durante las últimas semanas y en relación a la vacunación contra la COVID-19, se ha hablado especialmente de la de AstraZeneca. El pasado miércoles 7 de abril, la Agencia Europea del Medicamento publicó una nueva evaluación de la vacuna en la que se refiere a algunos casos de trombosis sanguínea como un posible efecto secundario muy raro, tras analizar un total de 86 casos entre aproximadamente 25 millones de personas que la han recibido.

A raíz de ello, ha surgido gran preocupación e incertidumbre entre las personas que se han vacunado o que se van a vacunar con este fármaco. En Maldita Ciencia ya hemos explicado que el riesgo de trombosis que supone la vacunación con AstraZeneca es menor, incluso, que el que asumimos habitualmente al tomar otros medicamentos, como los anticonceptivos hormonales o los corticoides y antipsicóticos. 

Como señalaba en el Telediario de TVE el virólogo e investigador del Instituto de Salud Carlos III, Pepe Alcamí, «toda medicación tiene riesgos, ninguna tiene un riesgo cero”. Para tomar la decisión de recibir o no la vacuna de AstraZeneca, ya sea primera o segunda dosis, Alcamí incide en que también hay que valorar “qué gano si me vacuno y qué pierdo si me dejo de vacunar”. Al fin y al cabo, como mantiene la EMA, el beneficio general de la vacuna de AstraZeneca supera a los riesgos por posibles efectos secundarios. 

Ignacio López-Goñi, microbiólogo en la facultad de Medicina de la Universidad de Navarra explicaba a Maldita Ciencia en Twitch que, de hecho, estos efectos podemos encontrarlos registrados en el prospecto de cualquier medicamento. “Si leemos el del ibuprofeno, probablemente se nos quiten las ganas de tomarlo. Lo que pasa es que, como vemos que nos duele la cabeza, lo hacemos. Aquí como no vemos al virus, pues parece que no existe”, añade el experto, quien recordaba que hay más posibilidades de sufrir un trombo por COVID-19 que por la vacuna. 

“Si siguiéramos la recomendación que hace la EMA, probablemente no existiría el caos normativo que hay ahora en el que cada país, y casi cada Comunidad Autónoma, está pidiendo o haciendo cosas distintas”, concluía López-Goñi. 

¿Cómo percibimos el riesgo? 

La forma en la que la mente humana siente y percibe el riesgo es mucho más compleja que la mera interpretación de un número. Así lo explicaba a  Maldita Ciencia a través de Twitch María Climént, experta en comunicación de riesgos del Instituo Winton de la Universidad de Cambridge quien, para empezar, recordaba que “la probabilidad de que un efecto secundario ocurra con la vacuna es sumamente pequeña”.

“El miedo que sentimos también se relaciona con la sensación de que estamos perdiendo el control sobre algo y cuánto sentimos que puede avecinarse un potencial escenario catastrófico”. Esto explicaría por qué muchas más personas temen más viajar en avión que en coche, cuando la probabilidad de morir en este último es mucho mayor. El miedo no solo tiene que ver con la interpretación de un número. “En relación a la vacuna, la gente puede sentir que no tiene control al respecto, que imagine potenciales escenarios catastróficos (ser ese uno entre un millón que va a sufrir un trombo)”, concluía la experta. 

Puedes leer más sobre la percepción de riesgos y la valoración riesgos – beneficios en la entrevista de José Luis Zafra a Climént, publicada en la Agencia SINC

¿Cómo explicamos la situación real a quien teme la vacuna de AstraZeneca?

Muchos os habréis encontrado ante esta situación: dar con una persona que, o bien ha recibido la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca y, por el revuelo de las últimas semanas, se niega a ponerse la segunda o bien con alguien que aún no se han vacunado pero que se niegan a hacerlo en un futuro si se le asigna el fármaco de Oxford. ¿Con qué argumentos y con qué actitud debemos explicarles la situación? 

Ana Pérez Pérez, psicóloga y maldita que nos ha prestado sus superpoderes, opina que es importante saber cuál es la visión de la otra persona y en qué se sustenta (¿Es realista? ¿Está basada en experiencia directa o indirecta? ¿Existen otros miedos anteriores?¿Cómo le condicionan estos miedos?). 

Según Aurora Gómez, psicóloga, hay que distinguir la escala de grises: no es lo mismo un negacionista que una persona que muestra reticencia a las vacunas. “Con los negacionistas la conversación será más complicada. Si estamos ante el segundo caso, lo mejor es escuchar sus dudas; luego, explicar cómo resolvimos las nuestras”. Puede que nosotros también las tuviésemos y las resolvieramos más rápido: ¿Por qué? ¿Qué lógica utilizamos para ello? ¿Qué fuentes consultamos?”, plantea Gómez. 

Otro punto imprescindible, en palabras de Climént, es no ridiculizar y no minimizar el hecho de que alguien tenga miedo a la vacuna. 

Por ello, incide en que es importante aproximarse con humildad. “En el momento en que ridiculizamos que alguien tenga miedo a la vacuna, comenzamos algo parecido a una lucha de egos. Se pierde el sentido de la discusión. Perdemos la perspectiva de que estamos juntos trabajando en un beneficio común”, advierte. Pérez coincide y añade que la imposición está totalmente desaconsejada por poder generar niveles altos de ansiedad que no puedan ser gestionados, traumas y somatizaciones.

Para que la gente comprenda, además, es importante proporcionarles información contrastada y contar sin sesgo los dos lados de la historia: tanto los beneficios como los riesgos potenciales. Perez recuerda que, para que los argumentos sean válidos deben ser constatados por fuentes fiables. “No debemos olvidar que estamos en un contexto social de mucha ansiedad de base y muchos mensajes generadores de miedo”, añade. 

Tras ello, será el momento de hacer ver que estos (los riesgos y los beneficios) no son ni el mismo número ni del mismo tamaño. 

“El beneficio no solo es reducir la probabilidad de hospitalización en UCI, también la de hospitalización en general, evitar los efectos secundarios a largo plazo de la enfermedad, minimizar el contagio… Además, al vacunarnos, el beneficio obtenido se acumula con el tiempo, dura todo el tiempo de vida de la vacuna. En cambio la probabilidad del daño dura un instante: te ocurre o no te ocurre (el coágulo se presenta de forma aguda muy poco después de haber recibido la vacuna). Si no te ocurre, que es lo que sucede en la inmensa mayoría, se acaba la historia”, recuerda Climént. 

Lo principal, como coinciden las expertas, es la empatía. “Pero no podemos caer en pensar que existe el argumento lógico perfecto que provocará un cambio conceptual en la otra persona. La gente se aferra a sus estructuras mentales previas, y pone sus sesgos a trabajar cuando cree que sus ideas previas pueden cambiarse”,  matiza Gómez.

Nuestros ases en la manga para explicar que la vacunación es segura: 

Si aún quedan dudas, Ángela Domínguez García, profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, nos resume las posibles “chuletas” que podemos utilizar en estas situaciones para argumentar por qué las vacunas, en general, son seguras: 

  1. En la última fase (fase III), antes de la autorización de cualquier vacuna frente a la COVID-19, han participado decenas de miles de personas y los efectos adversos observados han sido menores. Esto, junto a la eficacia observada para prevenir la enfermedad (comparando los riesgos de enfermar en quienes han recibido la vacuna y los que han recibido un placebo), ha sustentado su autorización.
  1. El procedimiento seguido para valorar las vacunas frente a la COVID-19 es el mismo que para cualquier fármaco. Ninguna vacuna es autorizada por una agencia reguladora (la EMA en la Unión Europea) si en los ensayos clínicos no se ha demostrado que disminuyen la incidencia de la enfermedad en las personas vacunadas y que la mayoría de las reacciones adversas que se producen son leves y reversibles. 
  1. La evaluación de las vacunas sigue haciéndose una vez se ha autorizado y se está administrando a la población. Una vez está autorizada una vacuna, ésta se administra a millones de personas y pueden detectarse reacciones que por su baja frecuencia no se habían podido detectar antes. Por ello, el proceso de evaluación nunca finaliza con la autorización: tras su comercialización, la seguridad y la efectividad de las vacunas siguen evaluándose. 

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