¿Sirve un test de anticuerpos para saber si las vacunas contra la COVID-19 te han hecho efecto?

Dentro de las herramientas a nuestro alcance que ayudan a controlar la pandemia de la COVID-19 están los distintos tipos de test que ayudan a diagnosticar el estado de salud de una persona. Pero no

Dentro de las herramientas a nuestro alcance que ayudan a controlar la pandemia de la COVID-19 están los distintos tipos de test que ayudan a diagnosticar el estado de salud de una persona. Pero no todos los test son iguales ni sus resultados nos dicen lo mismo. Ya hemos hablado aquí de las PCR y de los tests de antígenos. Aquí hablaremos de los test de anticuerpos o serológicos.

Lo que dice un test de anticuerpos, y lo que no

Los test de anticuerpos no son eficaces para saber si una persona está infectada por el SARS-CoV-2, sino para saber si ha estado en contacto con el virus y si su cuerpo ha desarrollado una respuesta inmune ante este. Lo que estos test son capaces de detectar son los anticuerpos que forman parte de esa respuesta inmune.

Sin embargo, esa respuesta inmune no es inmediata, así que el test podría dar negativo y que la persona esté infectada. Así mismo, los anticuerpos suelen permanecer mucho tiempo después de haber superado la infección, por lo que una persona podría dar positivo y sin embargo no ser portadora del coronavirus. Por este motivo decimos que no sirven para saber si alguien está infectado, sino si alguien ha estado en contacto con el virus.

¿Sirven para comprobar si la vacuna me ha hecho efecto?

Si un test de anticuerpos sirve para comprobar si nuestro cuerpo ha desarrollado una respuesta inmune contra el coronavirus, ¿puede ayudarnos a comprobar si la vacuna nos ha hecho efecto una vez recibida? Es la pregunta que se hizo Jorge Martínez Ortega, estudiante de Bioquímica de la Universidad de Granada y divulgador científico y que él mismo explica en este hilo de Twitter.

La respuesta es que dependería del test de anticuerpos que te hagas. El motivo es que aunque hablemos de anticuerpos en general, existen varios tipos de anticuerpos distintos y los test solo detectan algunos de ellos. Los test de anticuerpos más habituales, porque son los primeros que se generalizaron, se centran en anticuerpos que no son los que busca producir la vacuna contra la COVID-19.

«Lo primero que hay que saber es que el coronavirus tiene cuatro proteínas estructurales: S, M, N y E», explica Martínez en su hilo. Eso es lo que llamamos antígenos. Cuando el coronavirus nos infecta, el organismo desarrolla anticuerpos específicos para cada una de estas proteínas, que llamamos anti-S, anti-M, anti-N y anti-E. La mayoría de los test serológicos están diseñados para detectar los anticuerpos anti-N.

El motivo, explica Belén Barreiro, vicepresidenta de AseBio, Asociación Española de Bioempresas, y CEO de Ingenasa, a Maldita Ciencia es que los anticuerpos anti-N son en la mayoría de los casos los primeros y en más cantidad se producen. Por eso los primeros tests de anticuerpos que se lanzaron y utilizaron, con la idea de que contribuyesen al diagnóstico de la enfermedad (aunque ya hemos explicado que con limitaciones), se centraron en estas células concretas.

En cambio, con la vacuna solo se inyecta una de estas proteínas (o las instrucciones para desarrollarla, si es una vacuna de ARN mensajero como las de Pfizer o Moderna), la S, y los anticuerpos que desarrollamos son por tanto anti-S. Un tipo de anticuerpo que esos primeros test que se lanzaron al mercado no detectan.

Para comprobar si la vacuna ha hecho efecto habría que hacer dos tests que detecten anticuerpos distintos, anti-S y anti-N

Lo explica también a Maldita Ciencia Pepe Alcamí, virólogo e investigador del Instituto de Salud Carlos III: «Cuando nos vacunan, hacemos anticuerpos frente al antígeno con que nos han vacunado, en este caso la proteína spike (o S) pero no frente a proteínas que no van en la vacuna como la nucelocápside (o N)».

Por eso, añade, para saber si la vacuna ha hecho reaccionar a tu sistema inmune como es de esperar, tendrías que hacerte un test específico de la proteína S, que debería salir positivo, y un test específico frente a otro antígeno del virus que no esté en la vacuna, que debería salir negativo, para descartar que esos anticuerpos anti-S no se deban a que pasaste la infección en el pasado de forma asintomática sin saberlo.

¿En qué momento habría que hacerse estos test para obtener el resultado más fiable? Barreiro explica que algunas personas comienzan a producir anticuerpos la semana siguiente de recibir la primera dosis y que el porcentaje va aumentando. Por eso el momento más adecuado sería una vez pasadas dos semanas de la segunda dosis.

Que no haya anticuerpos no significa que no haya protección

Por último, hay que tener en cuenta que la ausencia de anticuerpos anti-S después de vacunarnos no significaría necesariamente que ésta no hubiese hecho efecto y que no estemos protegidos ante el coronavirus. «Existen dos estrategias de nuestro sistema inmune: una es la que llamamos la inmunidad humoral, cuya expresión medible son los anticuerpos, y otra es la inmunidad celular, que está basada en la acción de otras células», añade Barreiro.

En algunas enfermedades, como la tuberculosis, la respuesta del organismo está basada en la inmunidad celular y apenas existen anticuerpos. En la COVID-19 generalmente ambas van a la par, pero puede ocurrir que exista inmunidad celular y no humoral.

El problema es que esa inmunidad celular es más compleja de medir y requiere pruebas de laboratorio que no son tan sencillamente condensables en un test casero, como ocurre con los anticuerpos. Sin embargo, esas pruebas pueden ser de ayuda, asegura Barreiro, si se empezase a detectar que en determinados grupos de población la presencia de anticuerpos no se mantiene en el tiempo y se valorase administrar una dosis adicional de las vacunas.

Sobre esto, Alcamí explica que «en todas las vacunas siempre hay un pequeño porcentaje de población (menos del 5%) que responde mal. También pacientes con tratamiento inmunosupresor, o transplante renal o en diálisis. En estos casos a veces es necesario poner una dosis suplementaria -en este caso una tercera dosis– para estimular más a un sistema un poco debilitado. En el caso del SARS-CoV-2 estos estudios en grupos especiales se están realizando en el momento actual.«




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