Sesgos cognitivos y desinformación en Twitch: cómo nuestro cerebro nos la intenta colar

Los sesgos son algunos de estos mecanismos que hacen que nuestro cerebro nos la cuele. Son errores que cometemos a la hora de razonar, evaluar o recordar, y que influyen en las decisiones que tomamos

Los sesgos son algunos de estos mecanismos que hacen que nuestro cerebro nos la cuele. Son errores que cometemos a la hora de razonar, evaluar o recordar, y que influyen en las decisiones que tomamos tanto voluntaria como involuntariamente. Como ya os hemos explicado en Maldita.es, hay hasta 20 sesgos que influyen en nuestra manera de ver el mundo y de tomar decisiones, por ello os damos cinco consejos para que nuestro cerebro no nos la cuele y aprender a protegernos de ello. Además, en Twitch hemos contado con expertos para que nos ayuden a identificarlos.

Antonio Gutiérrez-Rubí, asesor y consultor político en Ideograma: «Los sesgos son un atajo para tomar decisiones racionales pero son peligrosos»

Antonio Gutiérrez-Rubí, asesor y consultor político en Ideograma define los sesgos como «un atajo» para tomar decisiones racionales. Pero explica que «son peligrosos» porque «nos dan una seguridad y un convencimiento para tomar decisiones racionales» siguiendo un camino directo. «El cerebro es perezoso y no podemos pensar constantemente de cero,» puntualiza.

Uno de los sesgos que más influye en la difusión de desinformación es el de causalidad, «un sesgo que distorsiona mucho», apunta Rubí. «Frente a una situación compleja, intentamos resolverla con una solución muy sencilla y directa, como si hubiera una causa única y oculta, que explicaría todo aquello que no somos capaces ni de explicar, ni de entender ni de comprender».

Otro de los puntos importantes es la relación entre sesgo prejuicios y el compromiso y conocimiento. «Muchas personas muy preparadas, formadas, comprometidas o conscientes, caen más fácilmente en sesgos que otras«. Esto, detalla el experto, se debe a que creen y se autorreferencian «con una gran estima«, piensan que es imposible equivocarse. Los sesgos y prejuicios, actúan especialmente sobre personas que tienen una autorreferencia «muy sublimada y sobrevalorada de su conocimiento y complemento», dice Antonio Gutiérrez Rubí.

Ujue Agudo, investigadora miembro de Bikolabs, explica los sesgos en la tecnología

Los sesgos también tienen un impacto en cómo navegamos por internet. Ujue Agudo, investigadora miembro de Bikolabs, explica que «el conocimiento que tenemos sobre los eurísticos, atajos en el pensamiento, se están utilizando en la tecnología para guiar nuestro comportamiento«. Pero, ¿cómo es posible que la tecnología tenga sesgos? La investigadora apunta a que como el ser humano interviene en la creación de la inteligencia artificial, ya sea decidiendo qué datos va a procesar, dónde se va a aplicar, o incluso en el aprendizaje de esa inteligencia artificial con el mundo, las máquinas pueden tener sesgos.

Además, como os contamos en Maldita.es, empresas y partidos pueden utilizar esos sesgos para enviarnos recomendaciones y guíen nuestro pensamiento. Agudo lo ejemplifica con las plataformas de streaming, en cómo utilizando diferentes «natchs», hace que nos decantemos por una u otra: «Tendemos a aceptar las opciones ‘por defecto’ como las adecuadas». La tecnología, explica, tiende cada vez más a la automatización, lo que implica que se apliquen patrones oscuros, que ya os explicamos también en este artículo. Se utilizan para suscripciones de pago, para contratar servicios que no figuraban claramente en la web o incluso para fines políticos como llamar a la participación en las elecciones.

Helena Matute, catedrática de psicología experimental: «La desinformación está preparada para atacar nuestros sesgos y nuestras emociones»

Los sesgos influyen en la manera que tenemos de interpretar los contenidos en internet y de ser más o menos vulnerables a la desinformación. Helena Matute, catedrática de psicología experimental en la Universidad de Deusto, asegura que influyen «varios». «La desinformación normalmente está preparada a propósito para precisamente atacar nuestros sesgos y nuestras emociones«, explica. Tras ese proceso, continúa Matute, una vez que el bulo ha impactado en nosotros, lo compartimos y es después cuando nos paramos a verificarlo, vemos que no. Además, los algoritmos de redes sociales conocen nuestros sesgos y muestran «ese contenido al que yo voy a reaccionar más de manera emocional». Y es ahí, dice la profesora, donde «se va a escapar mucha desinformación«.

Algunos de los sesgos que influyen en este proceso son el de confirmación o el sesgo de razonamiento motivado, «que pensamos ver el mundo desde nuestro esquema de creencias». El sesgo de grupo «es también muy importante», en los procesos de desinformación, añade Helena Matute. Este nos lleva a asumir la posición del grupo como nuestra, «no solo por quedar bien, sino por seguridad, y de manera inconsciente aunque el grupo no nos pueda proteger nos sentimos protegidos». Matute asevera que «el sesgo puede matar, y está pasando con la desinformación, con los antivacunas por ejemplo, nos jugamos mucho«. La experta cree que lo mejor para detectar un sesgo, además de leer, es pensar, tener un pensamiento crítico y saber detectarlos «en situaciones serias».

Carlos Hernández-Echevarría, coordinador de Políticas públicas y desarrollo institucional de Maldita.es: analiza el impacto de los sesgos en las encuestas políticas

«Todos queremos que cuenten con nosotros para diseñar las políticas públicas, pero es difícil» y se ve con los sesgos, asegura el coordinador de Políticas públicas y desarrollo institucional de Maldita.es, Carlos Hernández-Echevarría. Esto lo ejemplifica con el Estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) llevado a cabo en 2019 tras las últimas elecciones generales, ahí, el 87,3% había votado, en cambio, la participación fue del 66,2% del censo. «Esto en parte tiene que ver con el sesgo de deseabilidad social, quiero hacerme ver como una persona que hace lo correcto aunque luego no haga lo correcto«, explica. En otras ocasiones evitan posicionarse adoptando posturas más neutrales. Pero los sesgos también deben tenerse en cuenta a la hora de realizar encuestas, apunta Hernández-Echevarría, de ahí que en ocasiones las preguntas estén formuladas de una manera más «liosa», para evitar ciertos sesgos.

Pablo Hernández, coordinador de Investigación Académica de Maldita.es: «El estado, igual que los sesgos, influye en la toma de decisiones»

Pablo Hernández, coordinador de Investigación Académica de Maldita.es, explica que hay estudios que reflejan estos sesgos. La Universidad de Kent (Reino Unido), analizó cómo funciona la mentalidad de los que creen en teorías de la conspiración a partir de las que surgieron con la muerte de la princesa Diana de Gales, como que el MI6, el servicio secreto británico, la había matado por orden del establishment británico, que fue una célula rebelde del MI6, o incluso que había fingido su muerte para irse con un amante. «Los que tenían tendencia a creerse que la habían asesinado, también aceptaban que pudiera seguir viva«, detalla nuestro compañero. Este hecho llamó la atención de los investigadores por lo que repitieron el experimento con el terrorista Osama bin Laden, y «ocurrió lo mismo».

Por ello, puntualiza Pablo Hernández, en el estudio conluyeron que las afirmaciones del gobierno tendían a ser menos creíbles pero cualquier versión alternativa la aceptaban. Algo que vinculan, aunque a la inversa, con lo que ocurre en los anuncios publicitarios realizados por famosos «si tienes una imagen positiva de un famoso, esa visión se transfiere al producto», ejemplifica.

El estado de ánimo también afecta a la hora de tomar decisiones. En un estudio australiano, varias personas vieron una serie de vídeos de humor, documentales de naturaleza o una película dramática, y a partir de ahí tenían que decidir si dos personas que explicaban un crimen que habían cometido estaban mintiendo o no. «Lo que detectaron cuando llegabas con el estado de ánimo bajo, prácticamente no creías en la humanidad y pillabas más fácilmente las mentiras, no así el resto, que se la colaban«, concluye.


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