Por qué los helados dan sed, proteínas vegetales y qué influye en que recordemos o no los sueños. Llega a Maldita Ciencia el consultorio 148º

No sólo es que estemos a puntito de fin de semana (que también es de agradecer), es que encima, como buen viernes, se viene nuestro consultorio científico. Una vez más estamos aquí para dar respuesta

No sólo es que estemos a puntito de fin de semana (que también es de agradecer), es que encima, como buen viernes, se viene nuestro consultorio científico. Una vez más estamos aquí para dar respuesta a cuatro de vuestras dudas. Hoy picoteamos de todo: helados y sed, anestesia epidural y tatuajes en la zona lumbar, proteínas vegetales y sueños.

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¿Por qué tenemos sed después de comer helado?

Para muchos, el postre o merienda por excelencia desde ahora hasta que vuelva a refrescar será el helado. Da igual si es en forma de polo, cono, sándwich o bola. Esta semana nos habéis preguntado por estos dulces, concretamente por qué comerlos da sed. La culpa es del azúcar que incluyen (que hace que no sean una opción muy saludable) y la reacción que esta provoca en nuestro cuerpo. Lo mismo sucede con los productos con alto contenido en sal. 

Para explicar el proceso, hay que hacer mención a un concepto íntimamente ligado a la sed, esa forma que tiene el cuerpo de comunicarnos que necesitamos líquido: el agua

En un bebé, alrededor de un 75% de su cuerpo es agua; porcentaje que disminuye a un 55% aproximadamente en los adultos. De ese total, unas dos terceras partes se encuentran en el interior de las células (espacio intracelular); el resto, tanto fuera de ellas como en el plasma sanguíneo (espacio extracelular). 

“Básicamente, somos disoluciones acuosas que funcionan correctamente en un entorno concreto de concentraciones: nuestro cuerpo es un organismo que necesita tener un intervalo de concentración de iones [presentes en la sal] o azúcar muy concreto para funcionar bien. Por eso, cuando tomamos mucha de una u otra, es lógico que tengamos sed. De hecho, es un síntoma de personas con diabetes, es decir, de exceso de azúcar en sangre”, explica a Maldita.es Ricardo Díaz Martín, catedrático de Ingeniería Química en la Universidad a Distancia de Madrid y decano del Colegio de Químicos de Madrid. 

Como indica un artículo de la Cátedra Internacional de Estudios Avanzados en Hidratación (CIEAH) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, no existen volúmenes estáticos de agua dentro y fuera de las células, sino que ésta circula entre ambos espacios dependiendo del gradiente de concentración que se genere entre ellos: “Esto significa que cuando se produce una diferencia de concentración de iones dentro de las células respecto al exterior, el agua fluirá desde la zona de concentración más baja hacia la de concentración más alta hasta que ambas zonas alcancen la misma concentración”, señala la CIEAH. Es una explicación similar a la que se puede leer en un estudio publicado en la revista científica Nature Reviews Neuroscience.

Y eso es lo que se ve afectado tras la merienda o piscolabis a base de helado: la concentración de azúcar en sangre. Al comer el dulce o cualquier otro producto con alto contenido en azúcar, ésta llega a nuestro torrente sanguíneo haciendo que el agua del interior de las células salga de ellas (hacia el espacio extracelular) con el objetivo de reducir el gradiente de concentración. Al deshidratarse ‘avisan’ al cerebro de que necesitan reponer agua.

Son los osmorreceptores, células especializadas del cerebro, los encargados de detectar la reducción de agua en el interior de las células. ¿El resultado? Exacto, la sed: la necesidad fisiológica de beber. A la par, se libera la hormona antidiurética (HAD o vasopresina) al torrente sanguíneo, cuya función será actuar en el riñón para disminuir la pérdida de agua por la orina. Así lo explica un artículo publicado en la revista científica New England Journal of Medicine. 

Si hacemos caso a la sed y bebemos agua, al llegar esta al torrente sanguíneo vuelve a reducir el gradiente de concentración, permitiendo restablecer la normalidad en ambos lados de la pared celular, reducir la sensación de sed y parar la liberación de HAD.

¿De qué depende que nos acordemos o no de lo que soñamos?

Te despiertas y de repente olvidas el sueño (o pesadilla) en el que estabas inmerso un momento antes. ¿A ti también te ha pasado? ¿O haber dormido toda la noche y no recordar haber soñado ni una vez? Hay diversos factores que explican por qué a veces recordamos lo que soñamos y otras veces no: los principales son despertarse en mitad del sueño y si estamos en fase de movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés).

Recordar lo que soñamos es a veces difícil porque durante el sueño no funciona el sistema de almacenamiento de recuerdos y tampoco lo hace si sólo estamos despiertos un breve periodo de tiempo, inferior a los 5 minutos, según aclaran a Maldita.es desde la Sociedad Española de Neurociencia (SENC). “Por eso es normal que nos despertemos de noche en medio de un sueño que somos capaces de recordar, nos quedemos dormidos de nuevo rápidamente y al despertar por la mañana no recordemos el sueño (o incluso no recordemos haber despertado aunque, en este caso, al no haber recuerdo, no habrá ninguna sensación de falta)”, añaden.

Tal situación, explica la SENC, se aplica también a las conversaciones que se tienen unos minutos antes de caer dormidos: “El cerebro es perfectamente consciente de lo que hace, pero el hecho de quedarse dormido inmediatamente después no le permite almacenarlas y quedan perdidas para siempre”.

Lo más importante para recordar un sueño depende de despertarse en medio del sueño o no, explican a Maldita.es desde la Sociedad Española de Neurociencia Lo más importante para recordar un sueño depende de si nos hemos despertado en medio del sueño o no, según la SENC: “Los sueños no se almacenan como tal y sólo si estamos soñando en el momento que despertamos nos acordaremos del sueño. Si el sueño terminó y nosotros seguimos durmiendo, al despertarnos no tendremos conciencia de haber soñado”. Puertas añade que, si el sueño contiene factores emocionales o angustiosos, como cosas que nos preocupan, es más fácil que lo recordemos.

El otro factor importante tiene que ver con las distintas fases en que se divide el sueño. La fase REM , como sus propias siglas indican (Rapid Eye Movement), se caracteriza por movimientos oculares rápidos, relajación muscular y un registro electroencefalográfico muy similar al que tenemos en vigilia, según explica a Maldita.es Celia García Malo, neuróloga del Instituto del Sueño. En esta fase es cuando suelen ocurrir más sueños. «Durante la noche se producen 4 o 5 ciclos de sueño REM», añade García Malo.

Si nos despiertan o despertamos cuando nuestro cerebro está en fase REM, afirma la neuróloga, “es habitual que en ese preciso instante se recuerde el contenido del sueño en el que estábamos. Si hacemos un esfuerzo consciente para recordarlo o lo anotamos, mantendremos el recuerdo. De otro modo es frecuente que poco después no lo tengamos tan nítido en nuestra memoria”.

Puertas coincide: “Si nos despertamos en fase REM es fácil acordarse de lo que estamos soñando. Si nos despertamos en otro momento, no tendremos recuerdo de haber soñado porque la actividad mental es menos estructurada. Hacia el final de la noche hay más fase no REM, por lo que es cuesta más tener constancia de haber soñado”.

También se sabe que las personas que tienen un mayor porcentaje de fase REM tienen mayor tendencia a recordar los sueños. Además, a menudo describen tener ensoñaciones muy realistas o vívidas que no les permiten un sueño reparador por la ‘actividad mental durante la noche’ y puede tratarse de alguna patología del sueño. En ese caso, la persona debe consultar con un experto para hacer una correcta evaluación y considerar si es oportuno un tratamiento, como recomienda la especialista.

Puertas destaca que hay sustancias, como los antidepresivos y las benzodiacepinas, que alteran y reducen fase REM. Por lo tanto, dificultan nuestra capacidad de soñar y de recordar los sueños.

Una mujer con un tatuaje en la zona lumbar, ¿podrá recibir anestesia epidural en el parto?

Otra de las preguntas que nos habéis planteado esta semana es si una mujer con un tatuaje en la zona baja de la espalda, la lumbar, puede recibir anestesia epidural antes del parto. A pesar de que ha sido un tema que ha generado dudas, hay estudios que señalan que, en ausencia de una contraindicación médica clara, no hay por qué evitar la inyección en casos como estos, independientemente de que se trate de una mujer y que la epidural vaya dirigida o no a reducir el dolor del parto.

En teoría, la causa de los posibles riesgos a los que se ha hecho referencia durante años al hablar sobre la relación entre los tatuajes en esta zona y la epidural ha sido la posibilidad de introducir restos de tinta en el sistema nervioso central. 

Sin embargo, como explica a Maldita.es Nicolas Brogly, vicepresidente de la sección de Obstetricia de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR), la literatura científica de los últimos 18 años no recoge ni describe ningún caso de problemas neurológicos o complicaciones relacionados con haber recibido anestesia epidural y tener un tatuaje en esta zona de la espalda. 

“Es un tema que estuvo muy de moda en los primeros años de la década de los 2000 a pesar de que no había ningún fundamento científico que mostrara que fuese peligroso”, señala Brogly. De hecho, una revisión de 2020 en la revista médica La Presse Médicale de los estudios publicados sobre el tema durante los últimos 18 años concluye que, siempre que el tatuaje sea normal (sin inflamación), no debe suponer motivo de preocupación para anestesiólogos en obstetricia.

Si aun así el médico anestesiólogo no tiene ninguna zona sin tinta en la espalda, (situación muy rara puesto que hay muchos posible lugares para pinchar si tiene dudas, según los expertos) y como principio de precaución, una de las opciones es tan sencilla como «intentar ‘esquivar’ el pigmento», según explica a Maldita.es Donís Muñoz, dermatólogo con años de experiencia en la evaluación de la evidencia científica sobre tatuajes y salud y autor del libro ‘Tratado sobre los tatuajes. Claves para su eliminación con láser’. «Si trasladas con la mano un poco la piel en la zona en la que tienes que pinchar das paso, la mayoría de las veces, a la piel intacta«, propone Muñoz.

Por otro lado, “si tiene una concentración importante de tinta, lo que intentamos es buscar la zona más clara, que menos tinta tenga”, indica Brogly, quien añade, de nuevo, que esto simplemente se lleva a cabo como principio de precaución.  

En cualquier caso y ante la duda «será suficiente con practicar una pequeñísima incisión en el punto de la piel por donde debe pasar la aguja (lo que se conoce como punch)”, afirma Muñoz en la página web de la Academia Española de Dermatología y Venerología (AEDV).

“En diez años de profesión, no conozco ningún caso en el que un paciente tatuado no se haya podido pinchar”, cuenta a Maldita.es la doctora Carolina Soledad Romero, profesora de la Universidad Europea de Valencia y metodóloga de la Sociedad Europea de Anestesia y Cuidados Críticos (ESAIC, por sus siglas en inglés). “Lo que lógicamente no hacemos nunca es atravesar con la aguja un tejido que esté enfermo y pueda trasladar células de un compartimento a otro. Esto es aplicable a cualquier técnica médico-quirúrgica como, por ejemplo, catéteres de diálisis o marcapasos, no sólo a la anestesia epidural”, concluye la experta.

¿Son saludables los alimentos basados en proteína vegetal?

La heura es un producto alimenticio a base de soja que se propone como sustituto de la carne. Lo mismo sucede con las hamburguesas vegetales, basadas en proteína vegetal. Nos habéis preguntado si estos y otros alimentos de proteína vegetal son saludables. La respuesta corta, por un lado, es que depende de los ingredientes de cada alimento; por otro, que un producto sea vegano no significa necesariamente que sea saludable.

La tecnóloga de los alimentos y nutricionista Beatriz Robles explica a Maldita.es que la calidad de este tipo de alimentos es muy variable y depende fundamentalmente de los ingredientes utilizados: “Generalmente se utiliza una base de legumbres (soja, guisantes…), acompañada de otros ingredientes que nutricionalmente no son nada interesantes, como harinas refinadas y grasas de baja calidad (aceites refinados de nabina o girasol), y que tienen un alto contenido en sal”. Por lo tanto, que sea vegano no es equivalente a que sea saludable.

La proteína vegetal, por tanto, sí puede ser saludable cuando proviene de legumbres sin procesar pero «si forma parte de un producto ultraprocesado, no lo hace más sano”, señala Gemma del Caño, especialista en industria alimenticia. “Hemos asociado el concepto vegetariano a elección saludable, pero un alimento ultraprocesado seguirá siendo insano aunque se considere apto para esta opción alimentaria. Recordemos que el azúcar es vegano y no precisamente saludable”, explica Del Caño en un artículo que publicó en Consumer.

Como señala Robles, los alimentos saludables basados en proteína vegetal tienen “gran cantidad de proteínas de buena calidad». Añade que lo ideal es que el primer ingrediente sea una legumbre y tengan una baja cantidad de sal. Del Caño apunta que una dieta vegana sana tendría que evitar el consumo de ultraprocesados y contar con un consumo de legumbres de cuatro raciones a la semana, al menos 3 raciones de frutas y 2 de verdura diarias y priorizar los cereales integrales.

Antes de que os vayáis…

Como todas las semanas llegados a este punto nos gustaría recordaros que estamos aquí para resolver todas las dudas y preguntas que tengáis respecto a información científica, pero que si lo que te inquieta tiene que ver con un diagnóstico, tratamiento o afección personal, lo único que podemos aconsejarte es que acudas a un profesional sanitario que conozca personalmente tu caso y pueda tratarte adecuadamente.




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